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     REFLEXIONES
El Sermón de las
Siete Palabras
Primera palabra: En la academia unos, en la universidad de la vida otros, en los textos de los grandes del oficio los demás, se enseña, se aprende, que el periodismo tiene como principal fundamento la Verdad; que, en consecuencia, el buen periodista se compromete, tiene una opinión, defiende un punto de vista; y que, en todo caso, su ejercicio debe estar al servicio de los más débiles. Algunos, sin embargo, creen que su deber es ser escuderos del poderoso que les paga, y con su actitud sumisa -mercenaria - lesionan en grado sumo a la comunidad a la que deben servir. "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen" (Lucas 23,34).

Segunda palabra: En toda casa, principalmente las de los estratos bajos, si se anuncia una visita encopetada la familia realiza sus mayores esfuerzos para tenerla limpia, presentable, el día esperado. Que se sepa, barren todos los rincones; hacen desaparecer -si es del caso - los muebles más viejos; y si tienen con qué pintan las paredes; pero jamás esconden a sus miembros. En una ciudad heroica, sin embargo, porque anunciaron visita varios de los que rigen los destinos del mundo, esconderá a muchos de sus ciudadanos porque, por lo visto, algunos los creen impresentables. "Hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lucas 23,43).

Tercera palabra: Como pocas veces antes, estamos ante un personaje peculiar; que decide recorrer el Castillo de San Felipe ahora, pero más tarde cree que es mejor subir La Popa; que reivindica a cada instante una profesión, pero ha agredido -como pocos - a varios de quienes la ejercen; que asegura ser defensor de los del Sur pero se envanece de ser amigo de los del Norte. Pero no se trata de algo nuevo: aunque no se atrevan a admitirlo, muchos conocían su perfil y aun así lo erigieron como su guía. La ciudad tiene -entonces - el líder que quiso. "Mujer, ahí tienes a tu hijo; hijo, ahí tienes a tu madre" (Juan 19,26 s.).

Cuarta palabra: Si se va de tu lado para donde tu enemigo es un traidor; si abandona a tu enemigo para venirse a tu lado es un convencido. Si lo atiende primero que a ti despierta tus celos; si te atienden a ti primero, el celoso será él. Si se trata de elegir de una terna, uno pasará a ser tu aliado: el escogido; los otros dos serán tus contradictores: los descartados. En todo caso, podrás tener contento a mucha gente en un instante, pero no todo el tiempo. Algunos, por las razones que fueren, buscarán otra opción. Sobre todo si el barco comienza a hacer agua… "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mateo 27,46).

Quinta palabra: Antes de que lo ungieran con el gran sacerdote, éste prometió lo divino y lo humano. Unos por conocerlo, otros porque no lo conocían, una gran muchedumbre -sin embargo - confió en que, una vez proclamado, el nuevo capellán los iba a llamar a su santo reino. "No hay cama pa' tanta gente", se escucha, en el pick-up de la esquina, la popular canción. El borracho que pasa, tras intentar quitarles el balón a unos chicos que jugaban en la calle, les gritó, iracundo: "¡no frieguen, cama angosta, yo en el medio!" Los jugadores, aun nerviosos, salieron en busca de una nevera generosa. "Tengo sed" (Juan 19,28).

Sexta palabra: La joven pareja, con una sonrisa que iluminó como un faro la pista del aeropuerto, bajó la escalerilla del avión recordando los días felices de su reciente luna de miel en un paradisíaco hotel de Miami. Unos concursantes, cuando terminaron de responder todas las preguntas, se levantaron inmediatamente y se dirigieron, presurosos, hacia la puerta de salida. Una, sin embargo, miró con asombro la pantalla del computador y, tras sonreír con notorio nerviosismo, prefirió quedarse sentada a la espera de que la llamaran. Y la llamaron, y todo fue felicidad. "Todo está consumado" (Juan 19,30).

Séptima palabra: No hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague. Habían transcurrido cien días y el ansioso labrador, pensando, con preocupación, que a la vuelta del sembradío lo esperaba una familia hambrienta, alzó la mirada al cielo y le rogó al Santísimo que lograra, por favor, que las primeras lluvias despertaran la tierra dormida y permitirán que esta, magnánima, dadivosa, le brindara al fin los esperados frutos. Pero el Señor, en su infinita sabiduría, había dispuesto una larga sequía para toda la región. El campesino, muy triste, cerró los ojos. "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lucas 23,46).
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