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Expedido formalmente el decreto por medio del cual se convoca a elecciones atípicas en la ciudad, comienza la carrera para ocupar la Alcaldía de Cartagena para un periodo, supuestamente, de dos años y medio, los cuales, si tomamos en cuenta el empalme, aprobación del plan de desarrollo y ley de garantías por elecciones presidenciales y legislativas, el mismo quedaría reducido aproximadamente a un año y diez meses, tiempo muy reducido para contar con absoluta libertad de gestión.

Desgarradora realidad la que nos disponemos a enfrentar; ya comienzan muchos a retirarse la máscara usada por un tiempo de ciudadanos preocupados, para así exponer su verdadero rostro; otros que se proyectaban como buenos candidatos a futuro, parecen resignados a acudir a alianzas oscuras con tenebrosos personajes como único medio de acceder al poder. Si algo nos enseñó Campo Elías fue que en Cartagena la clase política representa todo, menos al pueblo que los requiere. Ese divorcio entre pueblo y dirigentes resultó evidente con la partida de este inolvidable personaje.

No puedo evitar que la melancolía opaque la esperanza; la herramienta más efectiva con la que contamos los ciudadanos es el voto, pero... ¿qué sentido tiene la existencia del derecho al sufragio ante la ausencia de opciones para elegir? El que una ciudad se vea forzada a reciclar candidatos políticamente desaparecidos y -además - no gratamente recordados, evidencia la mediocridad en el ejercicio de la política. La desesperanza se acrecienta cuando descubrimos que la normatividad que reglamenta la opción del voto en blanco, a pesar del valiosísimo significado democrático de éste, hace casi imposible su victoria en zonas con una burocracia relativamente grande como la nuestra, convirtiéndose más en una garantía de triunfo para algún candidato que motivo de preocupación para los rechazados aspirantes.

El problema -entonces - no es solo de votos, el problema es de opciones; ¿dónde están aquellos ciudadanos con una verdadera vocación para servir a la comunidad?, ¿acaso de esos no hay en Cartagena? Pues la respuesta es sí; sí existen, pero... ¿dónde están? Están entre nosotros, el problema es que la avalancha de actos de corrupción y la legítima y loable pretensión de ejercer control social a los mismos, desvían la atención y opacan las buenas acciones de personas altamente valiosas para la comunidad, resultando lo bueno casi imperceptible ante el turbio panorama que lo rodea.

Si nos limitamos a ejercer un control social pero no evitamos la ascensión al poder del mal político, estamos destinados a convivir per saecula saeculorum en una constante tensión entre la pretensión de corrupción y la pretensión de evitarla y denunciarla, lo cual conduce, como la física lo enseña ante el choque de dos fuerzas contrarias, a la anulación de ambas, es decir, en términos políticos, un estancamiento en el desarrollo social, que es lo que actualmente estamos viviendo.

Llegó la hora de sacarle el jugo a la burocracia, llegó la hora de cobrar por cada OPS, llegó la hora del Concejo, el alcalde será elegido por esta corporación, candidato al que más concejales adhieran será quien ocupe la silla del Palacio de la Aduana. Bajo el riesgo de equivocarme públicamente, anticipo un alcalde elegido no por más de 20 mil votos, una gran abstención y un abultado voto en blanco; ello a menos que surja inesperadamente un verdadero líder capaz de movilizar a todo ese pueblo frustrado y dolido que en masa acudió a las urnas en los pasados comicios.

Es muy poco lo que espero de estas elecciones, en realidad centro mis expectativas para el 2015, sin embargo, de corazón y de forma absolutamente sincera, reside aún en mí un átomo de esperanza, un anhelo de encontrar para este corto periodo que se avecina una persona que al menos labre el camino y siembre las primeras semillas de un desarrollo merecido, de tal forma que con una buena decisión en las próximas elecciones, los cartageneros contemos en nuestro haber con 6 años de buen gobierno.   





* Abogado.
Especialista en Derecho Penal y Criminalogía
y en Derecho Administrativo.


anthonysampayo@hotmail.com


Mayo de 2013
El problema no es solo de votos
Por Anthony Sampayo Molina *

     OPINIÓN
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