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Campo Elías dio un paso al costado, decisión que tomó dando la batalla, hasta último minuto, con la esperanza de retornar al cargo democráticamente obtenido, en una votación histórica que muchos dan por descontado que no se volverá a presentar. Despojo que de forma mediocre se intentó revestir de legalidad, pero que en verdad debe su éxito al silencio cómplice de muchos 'líderes políticos', que enarbolando la filosofía maquiavélica de que el fin justifica los medios vieron en esa coyuntura la oportunidad perfecta de acceder al poder o de recuperar una inversión.

Lo cierto es que fuimos pocos los que, desde un principio, en procura de salvaguardar la legalidad, el respeto por la voluntad popular y sobre todo la dignidad del pueblo cartagenero, asumimos una posición objetiva y alzamos nuestras voces para resaltar toda la cadena de irregularidades que se dieron y que concluyeron en el 2012 con la separación de Campo de la Alcaldía. Poco a poco nos van dando la razón: ya la Contraloría se ha pronunciado y ha establecido, de forma contundente, que el alcalde titular no podía ser suspendido mientras se encontraba incapacitado, pero -bueno - de nada vale llover sobre mojado y lo que interesa ahora es el futuro inmediato.

Desde antes que se anunciara la renuncia del alcalde, los titulares de prensa abarrotaron la mente de la ciudadanía con un listado inmenso de eventuales candidatos a suceder a Campo en el Palacio de la Aduana. Salvo un par de excepciones, lo único que se evidencia con preocupación es que estaremos en presencia de una típica elección cartagenera: personajes que insisten en acceder al poder en contravía de lo que el pueblo les ha dejado claro de algunos años para acá y es que "no los quieren ver dirigiendo su ciudad". La sola presencia de estas personas, más que una garantía de fracaso en su aspiración, eventualmente se convierte en la fortaleza de otro, el cual, más que por mérito propio, será receptor de votos por descarte de los primeros.

Los problemas de Cartagena resultan tan evidentes y obvios que más que las propuestas para superarlos, lo que cobra relevancia es la persona designada para encararlos; más que el 'cómo' es el 'quién'. El caos en que se encuentra la ciudad no podrá ser superado por el próximo alcalde, eso es seguro. Cartagena no solo se ha estancado con respecto a otras ciudades, sino que ha retrocedido; ha involucionado; pensar que en dos años Cartagena se convertirá en el paraíso es pecar de ingenuos y nos convierte en presa fácil de los populistas. La ciudad requiere a alguien que -al menos - nos lleve a un punto de equilibrio, ese statu quo desde el cual comenzamos a retroceder y que nos tiene sumidos hoy en la anarquía.

Hoy, más que nunca, se requiere del pueblo una decisión inteligente en estas elecciones que se aproximan; con un acierto, estaríamos dando un paso importante para salir del atolladero en el cual hoy nos encontramos, decisión que exige ser complementada con otra en dos años. La continuidad en una buena gestión, bajo la coyuntura por la que actualmente atraviesa la ciudad, no solo resulta estratégica sino necesaria e indispensable para alcanzar, por fin, el desarrollo que una ciudad que con un potencial como Cartagena se merece.

Estas elecciones con periodo atípico exigirán de nosotros el máximo de atención y vigilancia. Todos conocemos a aquellos oscuros personajes que resultaron perjudicados con la elección pasada, los que con su reiterada presencia en las contiendas electorales, irradian a la ciudadanía un sentimiento desesperanzador y de frustración. Resulta evidente que estas personas actualmente están, como aves de rapiña, esperando su presa: ante la primera oportunidad que tengan de recuperar su inversión se abalanzaran sobre el patrimonio público y de esa forma tratarán de hacer menos dolorosa la pérdida obtenida. Si antes se les veía desesperados, alquilemos balcón para presenciar, en primera fila, el espectáculo que se aproxima. 




* Abogado.
Especialista en Derecho Penal y Criminalogía
y en Derecho Administrativo.

anthonysampayo@hotmail.com

Abril de 2013
Elecciones típicas
Por Anthony Sampayo Molina *

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