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En el curso de aquellas infernales mañanas en que los cartageneros valientemente desafiamos el inclemente sol caminando por las estrechas calles del centro histórico, además de los turistas extranjeros con modernos 'manos libres' a través de los cuales reciben indicaciones históricas de un guía que es capaz de llevarlos en fila india al mejor estilo del Colegio de La Esperanza, la única persona feliz de los horneados caminantes resulta ser Campo Elías Teherán, con algo que lo diferenciaba de los primeros y es que mientras los extranjeros van ensimismados en su alegría ignorando al pueblo que los rodea, Campo la irradiaba por donde cruzaba y, como si se encendiera el aire acondicionado del corralito de piedra, la gente olvidaba el calor agobiante, se apresuraban a cruzar la calle y estrechaban su mano, a lo que el hombre -feliz -respondía con una sonrisa y un trato que solo se le da a la familia al momento se sonar los pitos el 31 de diciembre.

¿Qué representa Campo Elías para la ciudad de Cartagena? Resulta ser Campo una persona más? Pues los que hemos tenido la oportunidad de ver escenas como las descritas anteriormente podemos contestar con contundencia: ¡No! ¿Por qué? Simple, porque Campo encarna la naturaleza del pueblo cartagenero, no el moderno pueblo hipnotizado con la falsa idea de desarrollo o de icono de la cultura basados en un par de eventos realizados anualmente en el teatro Adolfo Mejía; no de ese pueblo, del otro, el de Torices, Paseo Bolívar, El Socorro, Olaya, en fin, ese conglomerado humano que constituye más del 80% de la ciudad y que ven en él a un representante de lo que verdaderamente es Cartagena.

Pero ¿qué lo distingue del resto de personas que sin ningún esfuerzo pueden encarnar al igual que Teherán lo esencial de nuestra cultura? Obviamente, el estar al frente de un micrófono presidiendo un programa radial aporta mucho pero, ¿cuantos periodistas locales, además de Campo, se pasean por la ciudad?, incluso existen algunos que dirigen hoy su famoso 'Noticiero Popular', que batió records de sintonía, sin que se perciba en el pueblo aquel grado de aceptación y respeto que producía el 'mundialista', pues ello se debe, sin lugar a dudas, al uso que a ese cariño Campo Elías le dio.

Obviamente, Campo trascendió a la persona para convertirse en un símbolo de la cultura cartagenera, una cultura tan propia como las murallas o el castillo de San Felipe, una cultura encarnada en un pueblo que no vio mejor opción de representación en el poder que alguien que de tiempo atrás cargaba la bandera que los identificaba.

Sin embargo, esta no es una columna que al mejor estilo de un cuento de los hermanos Grimm culmina con un final feliz. ¡No!; esta columna termina mal, termina triste, termina con una profunda decepción y se debe esencialmente en que no nos resultó para nada sorprendente la reprochable actitud de algunos políticos en principio 'amigos' de Campo que, una vez  las cosas se complicaron, descaradamente pasaron al otro bando.

Lo que si me tiene estupefacto es la indiferencia que ha mostrado el pueblo ante la compleja situación por la que actualmente está atravesando; el mismo pueblo que lo llevo a la Alcaldía y que en otrora le profesaba cariño y admiración. A diferencia con lo que pasa con otros líderes políticos de la región en similares circunstancias, en Cartagena no he visto un respaldo del pueblo para con su líder; no quiero pensar que superfluos argumentos utilizados por enemigos políticos, carentes en su mayoría de autoridad moral, hayan tenido acogida. Este es un llamado para líderes populares, madres comunitarias, buseteros, taxistas, chanceros, en general esa masa popular por la que Campo desinteresadamente durante años se preocupó y por los cuales se lanzó, contrariando consejos incluso de amigos cercanos, al ejercicio de aquel mal necesario llamado política. Más que votos o medicinas Campo Elías necesita que se le demuestre que aún está vigente aquello con lo que siempre contó antes de ser político, el cariño y apoyo de la gente; que sientan aquellos oportunistas lo que son 160.000 cartageneros apoyando a su líder y, sobre todo, que se den cuenta que el 'Campismo' esta vivo y que es imposible que muera porque representa la esencia del pueblo cartagenero. 





* Abogado.
Especialista en Derecho Penal y Criminalogía
y en Derecho Administrativo.


anthonysampayo@hotmail.com
Campo Elías, ¿una persona o un símbolo?
Por Anthony Sampayo Molina *

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