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No quisiera estar hoy en los zapatos de dos poderosos personajes del escenario nacional, no tanto por las eventuales consecuencias políticas sino por lo 'jarto' de la situación. Me refiero concretatamente al Señor Procurador Alejandro Ordoñez y a nuestro presidente Juan Manuel Santos.

Le resto importancia a las consecuencias políticas casi resignado a la pasividad que ha caracterizado históricamente al pueblo colombiano, y más aún a la Región Caribe, ante los cuestionamientos que de tipo ético se originan por el actuar sus líderes, pasividad que se termina convirtiendo en complicidad y que garantiza un status quo que todos criticamos pero no actuamos en consecuencia. En un país serio, otra sería la historia.

Es común la presencia del llamado 'guayabo moral' después de una fiesta, aquel sentimiento que, aparejado de depresión y arrepentimiento, es maximizado por el malestar físico consecuencia de la deshidratación. Muchas veces nos arrepentimos de cosas que hicimos o dijimos, quisiéramos retroceder el tiempo y haber optado por aburrirnos con Sábados Felices bajo el calor de las sábanas, pero como ello resulta imposible, ahí esta el guayabo moral para cobrarnos la cuenta.

Justo de esa forma se deben sentir nuestro dos personajes, quienes -últimamente - no han escatimado esfuerzos para hacer pública su amistad y admiración por la familia García Zuccardi. Como nuestros protagonistas de hoy, dos son las celebraciones que muy seguramente tienen achacados al procurador y al presidente: la primera tuvo ocurrencia en nuestra acogedora ciudad en diciembre pasado, en la residencia de la familia García, quienes organizaron un sancocho para exigentes comensales entre los que se encontraban Alejandro y Juan Manuel; la segunda, tuvo lugar en Bogotá con ocasión del matrimonio de la hija del procurador; fue la excusa perfecta para reunir nuevamente a los cuatro amigos.

La 'verticalidad moral' de nuestro procurador, consecuente con el comportamiento que debe caracterizar todo buen católico-apostólico-romano y el ejemplo de solidaridad y bondad que debe dar la máxima autoridad del país al pueblo que gobierna, casi los obliga a reafirmar aquella premisa que reza que "el amigo es amigo en las buenas y en las malas" y, de ser ello así, si ya acompañaron a la senadora Zuccardi en los gloriosos, asistiendo a su casa para deleitar un apetitoso sancocho de nuestra tierra y esta tuvo el 'noble gesto' de acompañar al procurador en tan importante evento, como fue el matrimonio de una hija, lo mínimo que se espera es que ahora, en los dolorosos, estos dos amigos tengan, al menos, el gesto de visitarla en su centro de reclusión. Eso haría un verdadero amigo ante situaciones tan difíciles como la que seguramente está atravesando la senadora.

Aquí ya todos se quitaron la mascara y "si se perdió por mil que se pierda por mil quinientos"; lo reprochable sería que en momentos de dificultad el procurador y el presidente le den la espalda a su amiga; ahí esta Uribe de forma enfática aún defendiendo a capa y espada a sus ex funcionarios que hoy están en apuros con la justicia. Que sigan su ejemplo.

No sé cómo va a hacer el procurador con el proceso disciplinario que, de forma lógica, se le debe adelantar a la senadora por los hechos que motivaron a la Corte Suprema de Justicia a dictar en su contra orden de captura, y que muy seguramente dé origen a una medida de aseguramiento. Aunque el Doctor Ordoñez se declare impedido, que el jefe del ministerio publico haya hecho pública su amistad con una disciplinada poca confianza aporta al proceso que se adelante; pero eso no importa: la amistad está primero, incluso una renuncia al cargo sería una solida muestra de amistad.

También es incierto el futuro del presidente, quien contaba en su haber con los miles de votos que aportaría el clan político en sus aspiraciones reeleccionistas y que de pronto hoy, ante los graves hechos por los cuales se investiga a la Señora Piedad, no estaría bien visto. Pero como ya dije, la amistad está primero, el presidente debe mostrarse orgulloso de su circulo de amigos y dar un ejemplo nacional de solidaridad, así muy seguramente esos voticos no se le escaparan de las manos.

Con respecto al señor Carlos Otero, el flamante alcalde designado de Cartagena,no tengo ninguna preocupación; él ,al fin y al cabo, "nada tiene que ver con la familia García".  



* Abogado.
Especialista en Derecho Penal y Criminalogía
y en Derecho Administrativo.

anthonysampayo@hotmail.com

Febrero de 2013
Amistades peligrosas
Por Anthony Sampayo Molina *

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