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Lo único que me mantenía despierto era el roce con el pavimento de una pieza de fibra ubicada debajo del bomper delantero del carro, la cual, desde que salí de Barranquilla hacia Cartagena, no hubo forma de reacomodar, y cada vez que bajaba la velocidad generaba un estruendoso ruido que hacía que los desprevenidos peatones que encontraba a lo largo de la vía se lanzaran hacia los lados pensando que ocurría un accidente.

Afortunadamente, al frente de Barcelona de Indias, unos agentes de la Policía -en un retén - ordenaron que me detuviera, al parecer inquietos por la algarabía que ocasionaba el vehículo en su recorrido. Mientras revisaban la documentación, aproveché para intentar otra vez acomodar la pequeña pieza y -¡Eureka! - lo logré, regalé para las gaseosas y continúe mi camino.

Pero se dio un hecho que me preocupó inmediatamente: había dormido muy poco la noche anterior -había viajado a Barranquilla a una fiesta familiar - y las obligaciones laborales requerían de mi presencia en Cartagena desde muy temprano. Sin el ruido que me acompañó gran parte del camino, había comenzado a cabecear... 

Pero cuando pensé que sucumbiría ante el sueño, sintonicé La W Radio y -qué casualidad - escucho: "en La W... hablan los alcaldes" y seguidamente el periodista Yamid Palacio anunció: "nos acompaña a esta hora el alcalde encargado de Cartagena, Carlos Otero...".

De manera inmediata se agudizaron mis sentidos y el sueño desapareció. Sin embargo, el remedio resultó peor que la enfermedad, ya que la impresión que me produjeron las respuestas del mandatario me ocasionaron hasta taquicardia.

De entrada, nuestro destacado burgomaestre, cuando le preguntaron si él representaba a la familia García, dejó supremamente claro que él representa es al Presidente de la República. La radio tiene un poder mágico: ante semejante respuesta solté el volante; no podía creer lo que escuchaba. Parece que al señor Otero no le explicaron qué significa ejercer un encargo determinado, o, si se lo explicaron, lo olvidó; o simplemente le pidieron que lo olvidara.

Señor Otero, usted no representa al presidente de la República, eso lo hacía MacMáster en su momento; usted representa una corriente o ideología política, que a su vez representa al partido ASI, que a su vez representa el alcalde electo, Campo Elías Terán, y que -a su vez - por último y más importante, representa la voluntad del pueblo cartagenero que, en una votación histórica, eligió todo lo anterior como la mejor opción. Eso es un encargo; por eso fue que el legislador contempló, en una norma constitucional, esa exigencia de correspondencia del partido o movimiento político de la persona que se entra a remplazar; por eso es que el señor Otero está obligado a concretar el Plan de Desarrollo debidamente aprobado tras ser presentado por el alcalde titular; por eso es que él, y todos los alcaldes designados, quedan sometidos a la ley estatutaria del voto programático, la cual impone como mandato el cumplimiento del programa de gobierno presentado por el respectivo gobernante al momento de inscribir su candidatura.

En otras palabras, el alcalde encargado, en este caso, Carlos Otero, está temporalmente en el cargo de alcalde para hacer lo que el alcalde titular, Campo Elías Terán, ordenó que se hiciera con el fin de cumplir las promesas realizadas durante la campaña al pueblo cartagenero. Así que el señor Otero está muy lejos de estar representando en su puesto al presidente de la República. Craso error.

Pero pude controlar el vehículo y nuevamente el sueño ganaba la partida, esta vez ayudado por el eficiente efecto somnífero que tenía la serie de respuestas del alcalde, quien trataba de convencer a medio planeta que en su administración no había nombrado a ningún representante de la familia García Zuccardi; que, por el contrario, los había perjudicado.

De repente, sin avisar y sin el más mínimo chance de prepararse para lo que venía, el señor Otero procedió a explicar su llegada al partido ASI. Dijo, sin ningún recato, que a él simplemente lo llamaron un día y le preguntaron si quería ser alcalde; "¡sí, yo quiero!", habría respondido. Y, pero entonces, tiene que inscribirse en el partido...; "¡bueno, me inscribo!"; y, listo, a eso quedó reducido todo un ejercicio legislativo que pretendió, a través de las normas, buscar el máximo de representación posible de un pueblo que iba a ser gobernado por alguien a quien no habían elegido en las urnas.

Ya nada me sorprende: sacaron a Campo Elías, Otero se manda solo, la familia García "no tiene ningún representante en la Alcaldía", Iván Márquez es Harlista y Pachito quiere ser presidente. Vamos pa'lante, mi Colombia querida.    







* Abogado.
Especialista en Derecho Penal y Criminalogía
y en Derecho Administrativo.

anthonysampayo@hotmail.com
La entrevista que casi ocasiona un accidente
Por Anthony Sampayo Molina *

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