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Sin zapatos para ir a la escuela
Por Laurent Céspedes *

* Director ejecutivo de la corporación Tierra Prometida y exsecretario técnico del Frente de Control Social por Cartagena
La situación de las víctimas del desplazamiento podría quedar pintada en un pequeño, casi insignificante, hecho doméstico: algunos de sus niños no han podido ir a la escuela por falta de zapatos escolares. En sus colegios no los dejan entrar sin el calzado reglamentario. Se trata de familias muy pobres agrupadas en un Comité Femenino, residentes en los asentamientos ilegales de Villahermosa y Nelson Mandela, en la orilla suroriental de Cartagena, y en plena zona industrial.

¿Cómo entender que estos niños se atrasen en sus estudios o terminen abandonándolos porque la extrema pobreza de sus padres y su entorno les ha impedido comprar sus zapatos escolares?  En un puñado de casas había doce casos de niñas y niñas cuyas tallas iban del 24 al 39. El número más grande era el de un niño de 15 años, en pleno crecimiento, que trata de avanzar en su ya atrasado bachillerato y no tenía más que un gastado par de tenis para ir a clase.  Recogimos los datos de estos niños cartageneros: Karis Margarita Anaya Ávila, TI 1007640697, 11 años, 6° grado, Colegio Metropolitano de Cartagena INSMECAR, sede Villahermosa: zapatos escolares talla 34-35. Ernedis Yepes Ávila, TI 1050427961, 15 años, 7° grado, mismo colegio: zapatos talla 39. Luis Eduardo Mendoza Ramírez, TI 9810251668, 5° grado, 13 años, colegio Metropolitano: zapatos escolares, talla 38. Tania Patricia Mendoza Ramírez, TI 95123015836, 16 años, grado 9°, zapatos escolares talla 37.  Kairo Andrés Arias Herrera, T.I.1002356290, 13 años, 7° grado, colegio Juan Bautista Escalabrini; zapatos talla 36. Richard Anderson Fermín Ávila, TI 1002188144, 10 años, 6° grado, colegio Metropolitano; zapatos talla 35. Angie Paola Ledesma Ávila, TI 98121517477, 13 años, 7° grado, Metropolitano; zapatos talla 37. Yesselis Esther Fermín Ávila, RC1128063179, 5 años, transición, Metropolitano, zapatos escolares talla 26.  Wendis Yuranis Lans Silgado, TI 98040271872, 13 años, 9° grado, Metropolitano; zapatos talla 39.  Marian, Luis Fernando y José Luis Garay de la Vega, 11, 8 y 6 años, tallas 34, 32 y 30, residentes en Nelson Mandela.

El despojo de tierras y el desalojo violento de sus lugares de origen arrojaron a las víctimas al peor de los mundos: la miseria y la marginalidad en las que apenas sobreviven centenares de miles de seres humanos en las enormes y bulliciosas y vibrantes barriadas de Cartagena.  Lejos de la propiedad legal de sus terrenos, de los derechos a la ciudad, a la vivienda, a los servicios públicos; lejos muy lejos de un empleo digno, de una alimentación adecuada y el largo etcétera de las necesidades humanas, estas frágiles familias sobrevivientes de nuestras guerras, se debaten en las más crudas condiciones de vida para intentar satisfacer incluso necesidades tan básicas como unos zapatos escolares, así fueran los famosos zapatos viejos del gran poeta Luis Carlos López.  Y es que después de lustros y décadas la anunciada reparación de las víctimas sigue siendo hasta ahora apenas una esperanza plasmada en una ley con muchos enemigos.

Duelen estas madres atadas por la pobreza y estos padres frustrados en el desempleo; pero duelen sobre todo las niñas y los niños que no entienden por qué sus zapatos escolares  (negros y blancos) no están aún bajo sus camas, esperando a ser usados para atravesar el polvoriento y pedregoso  camino a la escuela, o para correr tras la pelota en el recreo.

Las escuelas y los colegios no deberían devolver a estos niños sino por el contrario acogerlos, darles más tiempo y ayudarlos a resolver el problema, así sea solo hablando con las familias.

A veces, la gente misma ayuda mejor y más rápido que el Estado a resolver estos problemas, a través de una buena donación.

Pero es el Estado el que está obligado a proteger a los más débiles (en este caso los niños) contra sufrimientos que ofenden la conciencia humana e indignan la conciencia ciudadana.

La lucha política para que la superación de la pobreza y la reparación de las víctimas sean prioridades en las agendas locales de gobierno, es un deber de quienes no pueden convivir con una ciudad que condena a miles de niñas y niños de familias de víctimas a ir mal calzados y mal alimentados a sus escuelitas y colegios.

tierraprometida2001@yahoo.es
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