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En algunos países del mundo en donde los estallidos de las bombas son más comunes que el grito de gol, es difícil encontrar niños divirtiéndose jugando fútbol. Pero los hay. Y no son pocos. La mayoría tiene como ídolo a Messi, por supuesto, pero otros patean la pelota y gritan nombres de futbolistas que, aunque no salen casi nunca en canales deportivos, representan para ellos la victoria a la guerra.

Predag Prasic, jugoslavo nacido en 1958, y Mahmoud Sarsak, palestino nacido en 1987, no se conocen, pero vaya si tienen puntos en común: la esperanza de ganarse la vida jugando al fútbol y la esperanza de que en sus países las armas no acaben con los sueños de niños que no quieren hacer parte del aglutinamiento de sangre en cada calle de su pueblo.

Ambos son futbolistas. Predag Prasic fue un reconocido mediocampista de Sarajevo que, como capitán, lideró a la selección yugoslava cuyo principal sueño cumplido fue disputar el Mundial del 82 en España. Una gran victoria para un país chico que por entonces era marcadamente socialista. 

Durante la Guerra de Bosnia que se dio entre 1992 y 1995, Prasic decidió quedarse en el país; no quiso huir. Mientras Sarajevo era sitiada, él se dedicó a darle esperanza a los más pequeños. Distraía a los niños poniéndolos a jugar y a veces se dedicaba a entrenarlos. No se sabe cómo lo hacía, pero lograba que el sonido de las balas infinitas fuera menos resonante que el de una pelota.

Mahmoud Sarsak, de 25 años hoy en día, recibió la mejor noticia de su vida en el 2009 cuando le dijeron que se iba a vincular al club juvenil Balata en Palestina. Sin embargo, poco tiempo después recibió también la peor noticia de su vida cuando lo detuvieron el 22 de julio en el cruce de Erez en el momento en que se iba a mudar a la ciudad de su nuevo equipo. Le aplicaron la famosa e injusta detención administrativa en Israel acusado de ser combatiente ilegal del movimiento islámico Jihad en Palestina. Ver >>> Sarsak, el futbolista palestino en huelga de hambre.

En 2012, Mahmoud pasó tres meses en huelga de hambre. Después de estar tres años en prisión, nunca fue llamado a juicio. Se sentía que lo estaban matando lentamente. Para acelerar el proceso dejó de comer como lo hicieron otros compañeros suyos en condiciones similares y se convirtió en la imagen de la injusticia en su país. Sarsak perdió casi la mitad de su peso habitual.

Se recuerda la imagen fotográfica de siete niños en Gaza pateando un balón de fútbol al lado de un mural grande en el que aparecía la figura del joven futbolista palestino. Otros niños y algunos adultos gritaban al unísono "¡Liberen a Sarsak!".

Su llamado, el de la prensa internacional y de los organismos de fútbol fue escuchado el 10 de julio de ese año. Liberaron a Sarsak. Se espera ahora que vuelva a jugar y que eliminen para siempre esa figura de la detención administrativa que acaba por completo con cualquier derecho humanitario.

Hubo una persona muy reconocida a nivel mundial que escribió una carta para exigir la liberación inmediata del futbolista palestino. Es la misma persona que ha expresado en medios de todo el mundo su enojo al sistema bancario y es la misma persona que un 25 de enero de 1995, en Inglaterra, jugando para un Manchester United que ese día visitaba al Cristal Palace, le dio una patada tremenda a un aficionado del equipo contrario porque lo había insultado.

Se trata de Eric Cantona, el polémico jugador francés que con el número 7 a la espalda se convirtió para los hinchas afiebrados de los Red Devils en el mejor jugador del siglo XX, según una encuesta realizada en el 2001. Odiado por su mal genio pero amado por todos por su juego fino, sus goles preciosos y por ser la bandera junto a Ryan Giggs y Paul Scholes del equipo leyenda de Sir Alex Ferguson en los 90.

Tras abandonar el fútbol profesional en 1997, Cantona incursionó en el cine, donde ha trabajado con la actriz australiana Cate Blanchett, en la película ganadora de un Premio Óscar, 'Elizabeth' (1998), y también con el director inglés Ken Loach en el filme 'Buscando a Eric' (2009), donde Cantona se interpreta a sí mismo. Además, hizo parte del reparto del film francés 'La fortuna de vivir' (1998) de Jean Becker.

El legendario y carismático francés fue coguionista y conductor del documental 'Los rebeldes del fútbol' ('Les rebelles Du Foot'), el cual será presentado por él mismo y por los directores Gilles Perez y Gilles Rof el próximo lunes 25 de febrero en el Festival Internacional de Cine de Cartagena y también será proyectado el mismo lunes a las 7 de la noche en el Patio de Banderas del Centro de Convenciones Cartagena de Indias.

En el documental se presentan las historias de cinco jugadores de leyenda que tomaron el riesgo de perderlo todo para ser protagonistas de una lucha política en sus respectivos países: el marfileño Didier Drogba, el argelino Rachid Mekloufi, el bosnio Predrag Pasic, el brasileño Sócrates, fallecido recientemente en 2011, y el chileno Carlos Caszely.

Cuando le preguntaron a Cantona por qué eligió a estos 5 futbolistas para que fueran los protagonistas de esta historia que converge el deporte más popular del mundo con la lucha por los derechos humanos y la abolición de dictaduras, respondió que "ellos han puesto como muy pocos el riesgo de perder sus carreras y de perder también la vida".

Y tiene razón Cantona. Carlos Caszely, por ejemplo, fue públicamente opositor de la dictadura de Augusto Pinochet. Incluso, en un acto público, le negó la mano a Pinochet cuando se anunció su convocatoria para jugar el Mundial de 1974 en Alemania. Caszely temió por su vida pero la forma que encontraron de castigarlo fue deteniendo a su madre y torturándola posteriormente.

El argelino Rachid Mekhloufi, días antes de que iniciara el Mundial de 1958 en Suecia, se escapó de la concentración de la selección francesa que le había convocado. Rachid se fue para hacer parte del Frente Nacional de Liberación argelino, equipo de fútbol que demandaba la independencia de Argelia. Rachid no fue a un mundial de fútbol, pero no le importó para nada porque en 1962 su país se independizó de Francia. Ningún logro deportivo podría compararse con la victoria de la libertad.

Sócrates, por su parte, flameó la bandera de la democracia corintiana cuando él era el máximo ídolo del equipo con mayor número de hinchas en Brasil, junto a Flamengo. Y Didier Drogba, el único que sigue jugando en la actualidad, permanece activo reclamando la paz en su Costa de Marfil y construyendo hospitales, escuelas y canchas de fútbol en las zonas más marginadas del país africano que sufre a diario por la violencia.

Estos rebeldes del fútbol cuentan sus historias en este documental que vale muchísimo la pena ver en esta edición 53 de nuestro festival de cine. La esperanza de todo un país que corre a través de una pelota de fútbol. "De pequeñas victorias seguidas construimos un mundo mejor", decía Cantona, quien en 1996 convirtió un golazo inolvidable ante Sunderland, que celebró como un hombre que buscaba ser inmortal. Como lo son todos estos rebeldes.

* Comunicador Social - Periodista. Editor de Metro.com,
y exeditor de Ajá Cartagena y Ciudad Nativa

juancardila@gmail.com




Los rebeldes del fútbol
Por Juan Camilo Ardila Durante *

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