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* Abogado, especializado en derechos Humanos, en estudios políticos y finanzas; y máster en Gestión Pública. Exconcejal, exsecretario de Planeación y expersonero de Cartagena. Exalcalde de Magangué. Exsecretario de Gobierno de Bolívar.
La columna de Jorge Cárcamo


Cuando me desempeñé como Personero Distrital de Cartagena (2000-2003), la dirigencia sindical y los luchadores sociales de la ciudad fueron víctimas, por parte de algunos poderes del Estado, de una cruel e inaceptable persecución política.






Este período se caracterizó por el matoneo judicial que llevó, con pruebas frágiles y testigos de papel, a muchos de estos dirigentes a la cárcel. Ingeniosamente, los perseguidos por fiscales venales bautizaron esta infame conducta como las 'pescas milagrosas' del Estado, para emular las tristemente celebres 'pescas milagrosas' de la guerrilla. Ya para entonces, el fiscal Demóstenes Camargo, que hoy persigue a la valiente periodista Claudia Ayola, no le resultaba extraño a esa dirigencia. Como personero -entonces - alcé la voz para que se respetara la honra, el buen nombre y las garantías constitucionales de los acusados. Ahora, como ciudadano que cree en las bondades de la democracia, le brindo todo mi respaldo a una periodista independiente y honesta como Claudia Ayola.





La columna de Jorge Cárcamo


Mundos opuestos. Las paradojas que pueden resultar de los modelos de gestión de los servicios públicos pueden resultar realmente sorprendentes. En Bogotá y Cartagena, como en los realitis de televisión, encierran dos mundos opues
tos. En Bogotá, Petro le apuesta a la recuperación de la prestación del servicio publico de aseo para el Estado, por las excesivas utilidades de los operadores; en Cartagena, por el contrario, la Administración, pese a su mala prestación, le apuesta a que los contratistas privados extiendan sus contratos de concesión porque se 'desequilibraron' en sus finanzas. ¿Cuál será el mejor de los mundos: aquel en el que gana la ciudad y pierden los consorcios o en el que ganan los consorcios y pierde la ciudad?
    OPINIÓN
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La columna de Jorge Cárcamo


El portal Metro.com publicó recientemente una nota sobre el decreciente número de participantes en los procesos licitatorios de contratación que abre la Alcaldía de Cartagena,  que han pasado, en un año,  de un promedio de
20 a 1. Estas estadísticas hablan por sí solas de la desconfianza que la inestabilidad administrativa ha generado en los contratistas, la elaboración a la medida de pliegos de condiciones - que desestimulan la participación -, y la apertura de concursos con la sola apariencia de legalidad, que a pesar de preservar dichas forma legales no los hace necesariamente transparentes. Definitivamente, a buenas estadísticas, pocas palabras.
La columna de Jorge Cárcamo


En medio de la indignación ciudadana por tantos casos de corrupción sin resolver, el Zar Anticorrupción, Carlos Fdo. Galán, se comprometió a diseñar el plan anticorrupción al que obliga la ley 1474 de 2011. Lo que parece más un ac-
to de fina demagogia política, pues de lo contrario no se explica que el mismo Zar -acto seguido- manifestara que estas medidas son un fracaso si no hay voluntad política en su aplicación. Debería saber que la lucha contra la corrupción no se gana suplicando a los corruptos voluntad para que dejen de delinquir. No. Ello se logra haciendo todo lo contrario: supliendo su falta de voluntad con sanciones que los disuadan para que no delincan. Si nos seguimos por el Zar, no veo salida diferente para las próximas elecciones -si las hay - que seguir acostumbrados a sufrir las consecuencias de tener un alcalde elegido no por el voto libre de los ciudadanos, sino por los dineros de las manos largas de la corrupción.
La columna de Jorge Cárcamo


El día del periodista, si somos justos, debe convertirse en un homenaje permanente para aquellos comunicadores de provincia que, desprovistos del poder económico, visibilizan la corrupción en la regiones. Lamentablemente no son todos
pues son muchos los que sucumben a los halagos del poder. Mis respetos a esos otros, a los valientes. A esos, que para mantener su dignidad en lo alto, no los asusta ni las amenazas a su integridad ni mucho menos la censura con la pauta publicitaria a lo que los someten. Adenda: Mis felicitaciones a Laura Ardila y Tadeo Martínez, distinguidos por su labor periodística como los mejores de Colombia por el Círculo de Periodistas de Bogotá (CPB). Por supuesto: son cartageneros y -además - de aquellos que en su ejercicio profesional mantienen incólume la dignidad.





La columna de Jorge Cárcamo


En los últimos tiempos, la suerte política de Cartagena no ha sido la mejor. Ha estado signada por una especie de fatalidad, por causa de una clase política que decidió alejarse de la búsqueda del bien común y terminó atrapada en
la red de sus ambiciones. Un alcalde elegido popularmente que en tiempos de grandeza renuncia al encomiable bien del reconocimiento ciudadano, para asirse con la corona de la mezquindad personal. Unos  congresistas que renunciaron sin pudor al ágora, público y abierto, que le brinda la democracia, para transitar por los vericuetos silenciosos de las alianzas non sanctas. En este mar de frustraciones y con las esperanzas rotas, toma vigencia -ahora con más fuerza - la tan repetida frase de Moura: "los pueblos tienen los gobernantes que se merecen".