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Los pactos de poder
Por Horacio Cárcamo Álvarez *

* Abogado, especializado en Derechos Humanos
La erosión del Estado es evidente en la incapacidad de controlar la violencia, administrar justicia y abocar con responsabilidad y prontitud las reformas sociales demandadas por el país nacional como le llamaba Gaitán.

Si tanto no fuese suficiente, desde la época de la violencia política hasta los tiempos de la parapolítica las elites han convertido en una constante echar mano a la estrategia de criminalizar la protesta social para ahogar los reclamos de cambios expuestos por los movimientos de izquierda, universitarios, obreros y campesinos, enfrentando al Estado con la sociedad civil.

Esas elites tienen sus características sui géneris: se resisten a las reformas, se enfrentan entre ellas por el botín económico del Estado y los privilegios burocráticas, como cuando dividieron al pueblo en liberales y conservadores y luego les ordenaban se dieran balas en los afanes para no perder, cada uno desde su bando, la primacía del poder; o se unen, como sucedió con el Frente Nacional para defenderse  de terceros a quienes consideran  intrusos que ponen en peligro sus intereses.

El Frente Nacional fue la consolidación del bipartidismo; jugada de exclusión política a toda fuerza que no se identificara con los intereses representados en los partidos liberal y conservador. Con la fórmula del miti miti se apaciguó la violencia promovida desde los directorios políticos de estos,  que tanta sangre le costó a la nación, y se gesto una nueva, resultante de la represión a todas las manifestaciones que tuvieran compromisos con el movimiento popular con su corolario en la insurgencia armada.

La oligarquía  carece de ideologías, y por principio tienen como "ética" las grandes utilidades económicas que le producen los jugosos negocios con el Estado; en sus afanes de riquezas lo que menos cuenta es la pobreza y los padecimientos que ocasionan a los pueblos con la depredación de la riqueza pública y al medio ambiente. Siempre creen que al país, en cualquiera de sus modalidades territoriales, le va mal si ellos no han colmado sus expectativas de negocios o si, en una eventualidad, les tocara sacrificar en algo sus privilegios.

El clientelismo, la corrupción política y el reparto fiscal divorciaron a la sociedad de los partidos políticos, que terminaron convirtiéndose en simples empresa electorales soportadas en la compra del voto, dirigidos por señores feudales y empresarios inescrupulosos donde los pactos de poder reinaban para no arriesgar el "negocio económico" de la política arruinando el sueño colectivo de fortalecer la democracia con más procesos eleccionarios.

La elección popular de alcaldes fue una frustración más. En las entidades territoriales solo les va bien a los amos del "negocio económico", quienes incrementa  fortuna y poder en medio de las ruinas de la sociedad. Ilustra lo anterior el cuento que a un alcalde después de terminar su periodo le preguntaban en una entrevista como le había ido en su mandato y respondió sin ruborizarse: "a mi muy bien, quien termino de joderse fue el pueblo".

Por último cuando la ciudadanía en un acto de conciencia elige a un hombre de valores democráticos, ajeno a los pactos de poder, comprometido hasta la mollera con la recuperación de la institucionalidad e incorruptible, las elites que no han podido cooptar su administración activan la propaganda negra para a través del "terrorismo de lengua" generar desaliento haciendo creer que las cosas andan mal.



horaciocarcamoalvarez@yahoo.com

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