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Tarjeta navideña para el Dr. William Matson
Por Germán Osorio Buelvas *

* Sicólogo
Amigo Personero Distrital:

Paso, primero que todo, a desearte una feliz navidad, ignorando si eres creyente o no... Y discúlpame el atrevimiento.

Te doy mi saludo personal y públicamente pues, aunque yo sea creyente y de pronto tú no, de todos modos considero que puedo compartir mi alegría contigo, ¡pues no es prerrequisito ser creyentes ambos para hacerlo! Aprovecho y te comento una cosita. Yo no soy abogado, pero desde lo poco que conozco el derecho, entiendo que más importante que la ley es el espíritu de la ley. La verdad eso se lo escuché alguna vez a Antanas Mockus en una entrevista, hace años. ¡Vaya!, pensé esa vez... ¡El espíritu de la ley! Me imaginé una hoja tamaño oficio, poseída por un ángel o un demonio, según el carácter de la ley escrita en ella... Pero después, más en serio, me pareció muy sabio que un gobernante busque interpretar la ley partiendo de la buena fe y el sentido común, y no en un espíritu leguleyo, que en términos de fe, corresponde a fanatismo puro, eso de seguir los libros y las leyes al pie de la letra, sin tener en cuenta quién los escribió y para qué...

Mi querido conciudadano, paso a recordarte pues, en nombre de esa misma buena fe y ese sentido común, algunos detalles interesantes, cosas que pasan...

Uno: Los envidiables (perdóname Dios mío, el pecado de la envidia) alumbrados navideños de Medellín, son bonitos (no sagrados, bonitos), tanto, que mueven turismo, el cual mueve dinero y "empleo de ocasión"... A buen entendedor, pocas palabras.

Dos: El espíritu de la ley busca igualar las confesiones en Colombia, no suprimirlas... Además el estado no puede suprimir religiones que trabajan aportando soluciones en salud, vivienda, educación moral... ¿O puede, pero no debe? Otra vez el desafortunado sentido común desempatando la opinión... Por tanto, la pretendida frontera entre estado y religión resulta demasiado difusa, por lo menos en lo concerniente al tema del arbolito de navidad y derivados. Tu interpretación, según fuentes periodísticas, me pone a pensar. ¿El estado invierte en religión cuando paga plan becario a un colegio confesional? Yo no veo el problema de que una religión aporte al tejido social, aún cuando me parece grave la paupérrima situación de salud y educación en Colombia y por ende en Cartagena... Yo lo que veo grave es que la Iglesia católica le siga ganando al Distrito en salud y educación, que no haya hoy día una clínica pública igual o mejor a la que queda por la Bomba del Gallo, o un colegio público igual o mejor al colegio donde estudié yo...   
Tres: Los alumbrados son bonitos. Por eso todo el mundo los disfruta... Incluidos los ateos. Entonces se rompe la frontera entre inversión religiosa y cultural... No hace falta ser creyente para celebrar la navidad. Acuérdate que para estos días se acaba el año, y de pronto los cartageneros no tenemos mucho que celebrar de este año que pasó, pero los turistas que nos visitan sí... Y de todas formas, 'jartos' o 'lleva'os', todos andamos como festivos para fin de año.

Cuatro: No me hagas malpensar con tus palabras. Parece que criticar el origen "religioso"  de los alumbrados, fuera más bien como un intento de "lucirte" con fines más personales tuyos, que de interés público... Yo sé que no es así, pero ajá...

De todos modos felices fiestas mi hermano. Porque de todos modos, siendo judío, católico, evangélico, ateo, lo que sea, somos humanos y para esta época, el mismo ambiente colectivo hace que todo mundo se sienta así, en fiesta. Y ya sea que celebres con agua o ron, según tu postura religiosa, brindo contigo, porque sé que nos une el deseo de ver cada nuevo día una Cartagena mejor que la de ayer.

¡Salud! ¡Y felices fiestas a todos! 








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