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Decir la verdad cuando sabemos que nos pesará, es la mejor prueba de honradez.
Dave Weinbaum


Renunciar es un verbo regular, transitivo y vocálico de diptongo fijo e isoptongo.

Renunciar es una hermosa palabra castellana que tiene varias acepciones, interpretaciones y simbologías.

Renunciar es tener que abandonar voluntariamente a lo que se tiene derecho, a lo que se ganó en franca lid y goza de legitimidad irrefutable ante una multitud de ciudadanos.

Renunciar es desistir temporalmente de adelantar programas, planes y proyectos que se anhelaban realizar, construidos, compartidos y avalados por congéneres y hermanos.

Renunciar es despreciar el oropel vacuo del poder y del dinero que llega de repente, fracturando a su paso el vínculo sagrado que une al hombre con la mujer y a los padres con los hijos.

Renunciar es no aceptar, como una realidad irreversible, el imperio de los poderosos que humillan al otro, amparados en instituciones que atropellan todo cuanto se oponga a su codicia sin límites. 

Renunciar es faltar a las leyes de un juego perverso en donde todo vale y el alma enferma de falsos amigos opaca la bondad y buenas intenciones de un caminante puro de corazón.

Renunciar es actuar con plena libertad, como Benedicto XVI un 11 de febrero de 2013, invocando una edad avanzada, la falta de vigor para seguir en el cargo y el bien de la Iglesia católica.

Renunciar es tener el valor espiritual del Arzobispo de Sincelejo, Monseñor Nel Beltrán Santamaría, quien admitió el 26 de marzo de 2013 que "sus fuerzas ya no le acompañan como en su juventud" y renunció a su Diócesis amada.

Renunciar es prescindir de influencias que perturban todo cuanto tocan e intentan, con signos, símbolos, palabras y números, desaparecer sus demonios internos.

Renunciar es un simple acto de dignidad antes que servir a un fantasma delirante y extraviado que actúa mimetizado en una regencia espuria y bastarda.

Renunciar es disfrutar la madurez que permite deslavazar maledicencias, epítetos y diatribas, para decidir con libre albedrío sobre lo que es noble, conveniente y oportuno.

Renunciar es tener la fuerza interior para colocar la vida que aún nos queda, por encima de cualquier título material o sentimiento inferior, sin importar fuente ni origen.

Renunciar es amar a un pueblo que elige con esperanza y entusiasmo, y honrarlo permitiendo que vuelva a exaltar a una persona justa, limpia y con sabiduría.

Renunciar es poseer la grandeza de retornar la institucionalidad y legitimidad de un colectivo que ejerce su soberanía, haciendo de la voz del pueblo la voz de Dios, con su propio plan y sus tiempos perfectos.

Renunciar es luchar por el triunfo de la fe, la esperanza, el poder de sanación y los milagros de un ser superior.

Renunciar es prepararse para andar por nuevos caminos, con el corazón limpio, las manos llenas de los frutos sembrados en la vida y pletórico de paz espiritual.

Renunciar es el verbo, la palabra que se regala en estos tiempos de pasión y reflexión a los amigos que se quieren, valoran y en los cuales se cree; sin esperar más que la oportunidad de volver a escuchar sus risas y disfrutar de su amistad.





* Economista con especialización en Finanzas
y Legislación Financiera. Exalcalde encargado
y exsecretario General de Cartagena.


f.merlano@hotmail.com

Marzo de 2013

Renunciar
Por Felipe Merlano de la Ossa *



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