Copyright 2010. All Rights Reserved. www.revistaelmetro.com

::.Síganos también  en--.>
CARTA DEL ESCRITOR Y PERIODISTA ÓSCAR COLLAZOS


  Acabo de leer la carta delirante que el abogado Abelardo De la Espriella dirige al señor Gerardo Araujo, gerente de El Universal. Digo delirante porque basta cotejarla con mi columna publicada el pasado sábado 15 para saber que en ningún lugar acuso al Sr. Carlos Mattos de cometer actos ilícitos ni de obtener "provechos ilícitos de la Alcaldía de Cartagena." Al no acusar al Secretario de Interior de ese supuesto delito (su decisión de dar el permiso a la empresa automotriz Hyundai fue indudablemente legal, como lo fue el retiro del mismo permiso por parte del alcalde encargado), mal se puede deducir que yo esté acusando al beneficiario de tal decisión. Mi columna estaba sustentada en el pronunciamiento del Ministerio de Cultura, que en carta dirigida al alcalde encargado de Cartagena, Felipe Merlano, rechazaba la concesión de dicho permiso en un área de influencia del Centro Histórico, precisando que si bien es cierto, era incumbencia del Distrito ceder espacios públicos, este permiso sentaba "antecedentes gravísimos" en la gestión del Patrimonio histórico y cultural de la ciudad. En el mismo sentido se pronunció el editorial de este periódico el día 15 de este mes.

  En otras consideraciones de mi columna me reservo el derecho a opinar sobre la posible influencia que pueda tener el Sr. Mattos en las decisiones del alcalde, a quien apoyó financieramente en la campaña que lo llevó a la alcaldía. Tengo la libertad y el derecho de hacerlo, pues es la interpretación crítica de un hecho y no la acusación de un ilícito. Tengo igual derecho al recordar que el alcalde ha hecho gestiones conocidas públicamente para favorecer proyectos económicos del citado empresario y así consta en declaraciones del mandatario. Pese a la sospecha de que estos favorecimientos tienen su origen en la vinculación del empresario a la campaña del señor Campo Elías Terán, en ningún momento he acusado ni a alcalde ni al empresario de cometer ilícitos. Lo que se expresa  en mis columnas es la legítima reflexión ética sobre las relaciones entre la política y los negocios.

  Me extraña que la vehemencia del escrito del abogado De la Espriella insinúe en el fondo una medida de censura. Falta a la verdad al decir que "en el pasado, mi cliente ha tenido otras controversias jurídicas con el señor Collazos, de las que este no ha salido muy bien librado." Esta clase de jactancia puede ser utilizada para satisfacer las exigencias de su cliente, pero no para referirse a hechos probados. Es de conocimiento público que en febrero de 2012 firmamos un acuerdo extrajudicial mediante el cual el Sr Mattos retiraba la denuncia interpuesta contra mi y yo aclaraba que no había tenido la intención de calumniar ni ofender la honra del empresario, sin que ello me obligara a hacer rectificación alguna de mis escritos. Lo último que deseo es enfrascarme en una polémica con el Sr. Mattos y su abogado. Si, como se deduce en la carta dirigida al gerente de El Universal, va a interponer de nuevo una denuncia contra mí, me reservo entonces el derecho de hacer pública la carta del abogado, reproducirla en las redes sociales y medios de comunicación locales, regionales y nacionales y de enviarla a las organizaciones defensoras de la libertad de prensa que me acompañaron solidariamente en el pasado. Creo que las Cortes colombianas han sentado suficiente jurisprudencia sobre los alcances de la opinión periodística como para que se pretenda distraer el aparato judicial en denuncias o demandas temerarias fundamentadas en la vanidad o la arrogancia.

  El tono adoptado por la carta del abogado De la Espriella no es precisamente el que se adoptaría para buscar una explicación o una rectificación. Si se trata de lo último, solo puedo rectificar un punto: me equivoqué al afirmar que el permiso de instalación de carros de la empresa Hyundai en el Camellón de los Mártires, mientras se realizaba la Cumbre de las Américas, hubiera obedecido a un permiso de la alcaldía. Como lo aclara el firmante de la carta, fue concedido por la Cancillería de la República. En mi larga vida de columnista de opinión en numerosos medios nacionales e internacionales, jamás he "abusado" de la confianza de directivas y propietarios de dichos medios usándolos de tribuna para querellas personales. Estos han sido generosos al aceptar mis colaboraciones, muchas veces en contravía de las políticas editoriales del medio. ¿Qué pretende el abogado De la Espriella? ¿Intimidarme? ¿Tender de nuevo un cerco de miedo para que renuncie a mi libertad y derechos? He sido un escritor independiente y un profesional responsable. Tal vez por ello, nunca ha prosperada ninguna demanda o denuncia contra mi persona entre las muchas que han pretendido acallarme. Tengo el corazón demasiado ocupado y satisfecho en la esfera privada de mis afectos, para dedicarme al despreciable ejercicio de odiar.

  Con mis sentimientos de aprecio, te saluda



  Óscar Collazos