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Tribuna Libre
El plagio o la copialina
Por Carlos Ardila González *

El plagio es un tema recurrente, cíclico, que se repite cada cierto tiempo en distintos escenarios. En abril de este año, el debate en Bogotá se dio por cuenta del concejal Marco Fidel Ramírez, quien presentó a la plenaria de la corporación una ponencia que había copiado de una revista electrónica de geografía y ciencias sociales de la Universidad de Barcelona. Días después, unos veedores de Bolívar habrían de descubrir que páginas enteras de los componentes conceptuales de los planes de desarrollo de Cartagena y Magangué eran idénticas. Cuando esos dos casos fueron revelados por el Espectador, vino a saberse -también - que la Procuraduría investigaba a catorce notarios de Bolívar, Córdoba, Guajira, Sucre y Tolima que habían tomado textos escritos por varios estudiantes universitarios y los habían presentado como de ellos, para ganar puntos en un concurso de méritos en el cual habrían de ser reelectos.

Cuando explotó lo del concejal de Bogotá este se excusó alegando que unos miembros de su Unidad de Apoyo Normativo "habían sido los del error", y prometió públicamente "depurar su equipo jurídico". Un pequeño olvido se convirtió -sin embargo - al descubrirse, en una fuerte sanción para el cabildante: del texto, elaborado cinco años antes, se les pasó borrar las frases "ámbito del Mediterráneo" y "los grupos de inmigrantes".

En el caso de los párrafos de los planes de desarrollo de Cartagena y Magangué que resultaron ser iguales, los alcaldes y los secretarios de Planeación se limitaron a negar el hecho e -incluso - a sugerir que, de haber plagio, "los autores serían otros", pero jamás intentaron explicar la activa presencia, en los dos equipos que los construyeron, de un exfuncionario que se halla inhabilitado para ejercer cargos públicos.

Y en cuanto al proceso contra los catorce notarios, la Procuraduría y la Fiscalía demostraron que, en todos los casos, un individuo: John Jairo Prieto Pulgar, propietario de la firma John Marketing Editores, fue el autor material del múltiple plagio, pero también que lo hizo para favorecer a los servidores públicos. Éstos, al final, fueron destituidos e inhabilitados para ejercer cargos públicos durante dieciséis años. 

En Cartagena es recordado el caso de Armando Segovia Ortiz, quien llegó a posesionarse en 2008 como director del Instituto de Deporte y Recreación del Distrito de Cartagena - IDER, a pesar de estar plenamente demostrado que, para graduarse como abogado de la Universidad Católica de Colombia, en 1995, había presentado como suya una tesis realizada -en realidad - por el señor Samir Benavides, mediante el cual este obtuvo sus grado de abogado en 1991. Y se recuerda, sobre todo, que Segovia, siendo director del IDER, pretendió que un medio de comunicación rectificara una información publicada sobre el caso, pero en su carta, para sustentar su petición, citó párrafos enteros tomados de una ponencia del periodista Carlos Ramos Maldonado.

Pero el plagio es un tema menos de la Administración Pública y más, mucho más, de la literatura. En México, el entonces coordinador de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México - UAM, Sealtiel Alatriste, se vio obligado a renunciar a su cargo y a rechazar el premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores, por habérsele descubierto que había plagiado a varios autores. En Perú, el novelista Alfredo Bryce Echenique fue multado con US$50.000 por haber copiado apartes de las columnas de dieciséis autores. En Colombia, un escritor, Joseph Avski, reprodujo veinte páginas enteras de 'El oro y la oscuridad', una de las obras más afamadas del conocido cronista Alberto Salcedo Ramos, en 'El corazón del escorpión', una novela de apenas noventa páginas. Como 'sanción social y económica' a Avski, la editorial suspendió la venta de su obra. 

Por estos días, dos casos de plagio en el periodismo acaparan la atención de tirios y troyanos. En uno, el protagonista es el acreditado periodista Fareed Zakaria, una de las caras más visibles de la cadena CNN y articulista habitual de Newsweek, Time y The Washington Post, quien confesó haber usado párrafos ajenos en una columna suya. Las directivas de Time y CNN, de manera inmediata, suspendieron la columna y el exitoso programa, respectivamente, del confeso plagiador. En el otro, quien tomó párrafos enteros de un texto ajeno fue el director ejecutivo de la Cámara de Comercio de Cartagena, José Alfonso Díaz Granados, quien, sin embargo, se disculpó diciendo que había sido un error involuntario cometido a varias manos.

Para académicos y expertos en el tema, una cosa es el plagio cometido por un periodista profesional, que vive del oficio, y otra el 'copia y pega' del profesional de una rama diferente, a quien, generosamente, un medio de comunicación le brinda la oportunidad de publicar sus ideas para que la opinión pública las conozca. 

En general, de acuerdo con el escritor, profesor e investigador mexicano Evodio Escalante, la definición de plagio es compleja, ya que se trata, en todo caso, de un hecho reprobable, pero hay que "admitir que está sujeto a gradaciones, y que las gradaciones son casi infinitas".

Y si bien todos los plagios no deben ser considerados unos fraudes, unas irregularidades muy graves, sí deben tener -todos - una sanción moral, ya que, como dijera el dirigente cívico Tomás Batista Lamadrid en un reciente foro, quien es capaz de apropiarse de un trabajo ajeno y presentarlo como propio "podría ser capaz también de cometer un delito mayor".


cardilared@hotmail.com

* Director del portal Metro.Com
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