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Tribuna Libre
La suerte de Cartagena,
¿solo en las urnas?
Por Carlos Ardila González

El asunto que angustia a Oriana Fallaci: ¿la historia está hecha por todos o por unos pocos?, ¿depende de mil leyes universales o solamente de algunos individuos?, viene acosándome también a mí, a propósito de lo que podría suceder en Cartagena el próximo 30 de octubre. En su ansiedad por comprender los disparatados hechos que constituyen la historia, la periodista advierte que "el que no se engaña respecto a la absurda tragedia de la vida, acaba por seguir a Pascal cuando dice que si la nariz de Cleopatra hubiese sido más corta, habría cambiado la faz de la tierra; acaba por temer lo que teme Bertrand Russell cuando escribe: "No te preocupes. Lo que sucede en el mundo no depende de ti. Depende del señor Kruschev, del señor Mao Tse-tung, del señor Foster Dulles. Si ellos dicen "morid", moriremos. Si ellos dicen "vivid", viviremos".

Y aunque la connotada periodista manifiesta que "la idea de que nuestra existencia dependa de unos pocos, de los hermosos sueños o los caprichos de unos pocos, de la iniciativa o de la arbitrariedad de unos pocos… es una hipótesis atroz", termina concluyendo con desconsuelo que, en realidad, "son pocos los que en lugar de hacernos tomar un camino nos hacen tomar otro, y que son pocos los que paren ideas, descubrimientos, revoluciones, guerras y matan tiranos".

No puedo evitar reflexionar sobre este hecho al analizar los resultados de las últimas encuestas en materia de preferencia para la Alcaldía, que nos muestran que una inmensa mayoría de ciudadanos rechazaremos el próximo domingo el modelo clientelista que ha venido imperando en el manejo del poder ejecutivo local, representado en el dirigente político más cuestionado de todos cuantos hayan ocupado un cargo público en los últimos veinte años en Cartagena. Este, con un 31,2% de las preferencias electorales, ganará, mientras que el resto de los ciudadanos, dispersos en opciones que sumadas representan el 68,8% restante, perderemos. 

Aquí surge entonces la pregunta sobre quiénes tienen -o tenemos- la posibilidad de cambiar la historia de Cartagena. Si su suerte, para el caso de la actual coyuntura, ha estado en manos de todos los 548.952 ciudadanos aptos para votar, o si la misma ha dependido solamente de los 10 ó 15 líderes que orientan las distintas vertientes cuyo lugar común es su rechazo a las viejas prácticas, la corrupción y el desgreño que han venido imperando en la Administración Pública local, pero que hoy transitan por senderos diferentes.

Cabe preguntarse, por ejemplo, qué podría haber pasado si los principales promotores del voto en blanco hubiesen reconocido que, aunque han sabido despertar una conciencia ciudadana que permanecía aletargada, dormida, embobada, sus fuerzas -solas- no bastaban para ganarle al candidato de las maquinarias y los recursos inagotables. Lo señala el 33,4% de favorabilidad que les acreditan las últimas encuestas, distante del 50%, más un voto, que les imponen las correspondientes normas.

Y debe reflexionarse, también por ejemplo, sobre qué pudo haber ocurrido si la candidata Mery Luz Londoño, acompañada de los dirigentes políticos que la respaldan, hubiese reconocido que, ante la dispersión de los votos de opinión que pudo haber captado, tampoco tenía nada que hacer ante el poder de una clase política y centenares de contratistas del Estado apertrechados alrededor del ex alcalde Curi. El 17% de los electores que la respaldan así lo muestran.

En el primer caso, si ello hubiese ocurrido y los principales promotores del voto en blanco estuviesen apoyando a Mery Luz Londoño, creemos que ganarían ésta y la ciudad, y perderían Curi y sus aliados. En el segundo caso, si la candidata del Polo Democrático se hubiese retirado, su presencia entre los promotores del voto en blanco hubiese generado la fuerza de opinión requerida para que esta opción saliera triunfante el próximo domingo.

Vuelve entonces la reflexión sobre quiénes tienen -o tenemos- la posibilidad de hacer la historia de nuestra ciudad. O quienes tienen -o tenemos- la responsabilidad de orientar verdaderamente los destinos de nuestra comarca. 

A escasas horas de las próximas elecciones tenemos que concluir, entonces, que la suerte de Cartagena no depende de todos sus habitantes sino de unos pocos. Ha dependido, y depende, de los promotores del voto en blanco (los de carne y hueso: blancos, negros y mulatos) y de quienes respaldan a Mery Luz Londoño.

Quienes somos conscientes de esa dura realidad que tanto trabajo le costó aceptar a la Fallaci: que la historia no está hecha por todos, sino por unos pocos, solo nos toca rezar, con profunda devoción, para que se haga el milagro de que los dueños de nuestros destinos no se sigan equivocando. En el caso de Cartagena, para que piensen que, por encima de todo, se debe actuar siempre teniendo como norte la suerte de nuestra ciudad. Yo ya comencé a rezar. Espero, con mucho respeto, que nuestros líderes positivos simplemente reflexionen. Y actúen.


cardilared@hotmail.com

Septiembre de 2005
     OPINIÓN

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