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Tribuna Libre
Los grandes perdedores
Por Carlos Ardila González

Como resultado lógico de toda elección hay siempre ganadores y perdedores. En el caso de los pasados comicios en Cartagena, ganó Judith Pinedo y fueron derrotados la familia Curi y su candidato, así como la tropa de políticos, contratistas y funcionarios que se obstinaban en continuar atornillados al poder y aún no se han repuesto del picotazo recibido.  

Así hay que considerarlo porque, como en cualquier contienda y prácticamente todo acto que confronte a dos o más personas, unos ganan y otros pierden. No obstante, como en el fútbol o cualquier otro deporte, la gloria la obtiene el equipo ganador, pero la derrota de sus contrarios no significa la muerte. Si acaso, un virtual viaje al infierno que, desde la perspectiva del paso irremediable del tiempo, suele ser fugaz y en todo caso cada día menos tormentoso.

Para los políticos, la victoria y la derrota están contempladas como elementos naturales de su ocupación; igual que para aquellos que de manera permanente o esporádica prestan sus servicios al Estado. Un candidato puede ganar o perder unos comicios; un contratista puede obtener o no una licitación; un funcionario puede ser ratificado en su cargo o ser invitado a renunciar. En todos los casos, alcanzar un cometido equivale a una victoria; lo contrario, a una derrota que puede ser dolorosa, pero que no implica necesariamente el fin del mundo. Además, en las actividades políticas y, en general, en el servicio público, suele ser cierto aquello de que perder es ganar un poco. 

Pero la pasada campaña en Cartagena produjo otras clases de victorias y derrotas sobre las cuales deben hacerse también profundas reflexiones.  

A lo largo de los últimos meses, la ciudadanía conoció decenas de irregularidades cometidas por funcionarios de la Administración Distrital. Con pruebas que nadie ha refutado aún, el Consejo Gremial de Bolívar y varias veedurías ciudadanas denunciaron valerosamente numerosos intentos de expolición fraguados en dependencias de la Alcaldía. Los más importantes medios de comunicación del país revelaron, con lujo de detalles, muchos de esos casos. En un amplio informe periodístico, Cambio divulgó la forma desvergonzada como varios personajes, con la complicidad de funcionarios distritales, se apoderaron de amplias franjas de terreno en la Zona Norte. Por todos esos hechos, los periodistas de "La W" han dicho irónicamente que los Drake, los Vernon y los Morillo fueron unos ingenuos aprendices de piratas al lado de varios de los funcionarios que terminan sus labores el 31 de diciembre…  

No obstante ello, varios periodistas locales no sólo omitieron informar sobre la corrupción imperante sino que se atrevieron, además, a negar su existencia. Durante la campaña, seis o siete comunicadores, en un notorio intento por favorecer al candidato de la Administración, se dedicaron a agredir verbalmente a los críticos de ésta. Varios de ellos, al tiempo que la opinión pública señalaba con su dedo acusador a los presuntos autores materiales o intelectuales de los hechos denunciados, les organizaron un homenaje de desagravio en las instalaciones de la Alcaldía.  

De acuerdo con una investigación adelantada por una veeduría, esos seis o siete periodistas, muy seguramente por física casualidad, recibieron cuantiosos pagos de la Administración Curi por servicios de discutible beneficio.

En términos financieros, ellos habrían sido los grandes ganadores de la pasada campaña. En términos éticos, sin embargo, y en lo que respecta a la credibilidad perdida, ellos son sin duda los grandes derrotados.



cardilared@hotmail.com

Diciembre de 2007    
     OPINIÓN

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