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El ejercicio del voto en una ciudad como Cartagena se define a partir de las condiciones económicas y sociales de sus habitantes. Es más fácil vender la idea de ciudad cuando el pueblo muere de hambre y perece en el intento por educarse. Los políticos entonces abastecen sus discursos y sus bolsillos para así lograr que una comunidad llegue a hacer ciudadanía con un sufragio que casi siempre carece de convicción. El caso de los jóvenes merece especial atención.

La falta de oportunidades y de instrucción, en lo referente al uso del sufragio, y el desencanto por prácticas políticas corruptas, son condicionamientos que nos impiden vislumbrar cambios, tener oportunidades y generar espacios para formarnos como ciudadanos que creen democracia más allá de un voto.

Ciudadanos con la obligación de defender sus derechos, afianzar sus deberes y con la capacidad de identificarse con un proyecto político serio, responsable, comprometido y, sobre todo, generador de resultados.

Esa es la única fórmula o vía posible para llegar a seducirnos a todos los cartageneros a votar en las próximas elecciones del mes de octubre. Especialmente a las nuevas generaciones.

Los jóvenes en Cartagena somos una masa activa, creciente, y generadora de ideas. Pero lamentablemente no somos el punto de partida de sus agendas o al menos no somos el público objetivo de muchos de los aspirantes a cargos públicos.

¿Será que la subestimación como comunidad radica en que nuestro voto seguro se garantiza porque algunos de nuestros familiares están adscritos a ser líderes  políticos de sus campañas? o ¿será  que nos catalogan como los promotores  de la rumba y el "perreo" en la ciudad y entonces la política se convierte en un tema ajeno a nuestra cotidianidad? ¿No será más bien, señores candidatos, que el desarrollo de la ciudad que seguramente lo deseamos los jóvenes cartageneros no se encuentra arraigado a sus políticas desde hace mucho tiempo atrás y, por lo tanto, la desidia por conocer sus propuestas es solamente la consecuencia lógica a unos discursos llenos de bellas verborreas pero que cuando se suben en la palestra pública pasan a ser solamente lejanas utopías abastecidas por conductas deshonestas?

Recuerdo una anécdota que confirma la poca credibilidad que tenemos por ustedes, pero sobre todas las cosas, les demuestra que la política sí nos conmueve y que si se nos hace partícipes podemos movernos para intentar buscar salidas a una ciudad en donde la mayoría de la gente tiene las puertas cerradas. En las pasadas elecciones, en una de las más prestigiosas instituciones universitarias de la ciudad promovieron con mucha fuerza al candidato sin rostro. Las campañas masivas apoyando el voto en blanco fueron lideradas y movilizadas por cientos de jóvenes en la ciudad, viéndose reflejado el resultado y el esfuerzo en los porcentajes electorales.

A los jóvenes sí nos seduce la política y participamos en el ejercicio de la misma, siempre y cuando existan garantías de parte y parte donde nuestro libre desarrollo y pensamiento existan y se complementen con oportunidades en educación y trabajo, y no como suele pasar que con dádivas materiales que subsanan el problema por un día quieren comprar nuestra identidad.

¿Por qué los aspirantes no se ponen a la tarea de construir ciudad y ciudadanía desde la escuela? Sugiero que ese paso se alimente con asignaturas desde los colegios que enseñen y transmitan de manera didáctica y sin exclusiones el valor trascendental de la política y la democracia en la sociedad. Y de cierta forma ayudaría eficazmente a impedir que se siga perpetuando la miseria y la pobreza sin educación. 

Para ir al grano, candidatos y cartageneros en general: generemos civismo y sentido de pertenecía como ciudadanos para así creer en la ciudad y algún día poder encontrar ese proyecto político que nos incluya a todos. Pero solamente será así si se empieza por las voces jóvenes.



* Periodista

Septiembre de 2077
El voto joven
Por Malka Irina Nieto *

     OPINIÓN