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Varios meses de incertidumbre llevamos los cartageneros desde el diagnóstico y posterior inicio del tratamiento del cáncer de pulmón, al parecer con metástasis cerebral, que desafortunadamente padeces, mi querido Campo Elías. Y te cuento: antes y durante la suspensión proferida por la Contraloría General de la República por el sospechoso contrato que tú y todos conocemos, los ciudadanos de bien, aquellos que pensamos que Cartagena no se merece la suerte que está corriendo, abrigábamos la esperanza de que, en un momento de lucidez o por el buen efecto de la terapia que vienes recibiendo, Campo Elías, dejaras a un lado la obnubilación del poder, renunciaras con la frente en alto y dieras paso a la convocatoria de elecciones atípicas.

Muchos días me despierto pensando si el empecinamiento en regresar al Palacio de la Aduana es decisión tuya, de tu familia o de otros a quienes les conviene que regreses. En caso de ser lo primero, ¡cuán engañado estás!; si crees que conservas la popularidad que te llevó al poder, permíteme decirte que esta se esfumó -me atrevo a decirte - en la segunda semana de tu mandato. Por otro lado, ¿quién te dijo, señor alcalde elegido, que las pocas personas que reclaman tu regreso lo hacen por aprecio a tu persona o reconocimiento a tu gestión de mandatario? Sería interesante saber qué se traen; pienso que no será nada bueno para ti ni para la ciudad. En el caso de ser lo segundo, o bien a tu  familia no le importa que te recuperes todo lo que sea posible luego de un complicado y doloroso período de tratamiento, o  son mayores los beneficios que obtendrían de este limbo en que nos mantienen para, junto con la jauría ampliamente conocida, darle el toque final (¿o tal vez el inicial?) a no sé qué.

Campo Elías, si regresas como el  ciudadano que eras antes de internarte en este berenjenal, ten la absoluta seguridad de que la gente te seguirá queriendo; y los que, por efecto de tu corta, deficiente, manipulada y también ingenua gestión te dejamos de querer por un tiempo, olvidaremos y lo volveremos a hacer; total, somos propensos al olvido, aún de cosas más aberrantes. Si aun la justicia de los hombres, que siempre cojea, se acuerda de vez en cuando de ciertos hechos; algo es algo y algún fresquito nos corre…

Campo, hermano, la gente decente de la ciudad, en lo más mínimo, defendemos la permanencia de la caterva de marionetas de garras afiladas que permanece en tu lugar, pero no olvides que muchos de tus incondicionales aliados hoy hacen parte de esa malignas huestes. Campo, imagínate regresando a intentar organizar la ciudad que se te salió de las manos, porque tenías popularidad más no liderazgo. ¿Piensas que es de una persona inteligente como tu dejar de disfrutar tu familia y tus amigos, ante una realidad personal que, por dura que sea, te toca afrontar?

Campo, todos tenemos que morirnos; unos primero que otros; estás a tiempo de recapacitar para que te recuerden -para que te recordemos - con cariño, a pesar de que hoy veo que la mayoría de aquellos a quienes intentaste representar en el poder desean que des un paso al lado, y no necesariamente por ingratitud sino preocupados por el caos que cada día se acrecienta.

Piénsalo, luchador, que aún estás a tiempo…



* Médico y Politólogo

wilmarpolo01@hotmail.com
Febrero de 2013
Campo, ¡recapacita!
Por Wilmar Polo Vega *




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