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Las elecciones celebradas en Cartagena en el año 2011 representaron, en mi concepto, una evolución en el ejercicio de la democracia en la ciudad, al margen de la simpatía o no hacia tal o cual candidato y de errores innecesarios en el desarrollo de las campañas. Resulta indiscutible que, por primera vez en esta ciudad, se dio en la elección de mandatarios locales un voto de opinión, no puro, pero al menos mayoritario; había variedad de candidatos, representativos cada uno de una idea, de un sector o de un anhelo, encontrábamos inteligencia en Johnny Romero, experiencia en Carlos Díaz, preparación en Dionisio Vélez, amor puro por el pueblo en Campo Elías y, como símbolo de la tradicional forma de hacer política, María del Socorro Bustamante.

Los resultados de los escrutinios de ese entonces sustentaban mi optimismo, no tanto por la aplastadora y esperada victoria de Campo Elías gracias a la simpatía y cariño con que contaba en las clases más populares de Cartagena, sino por lo ocurrido en el resto del pódium: en segundo puesto María del Socorro Bustamante y en tercer lugar Dionisio Vélez Trujillo. La primera con un poco más del 18% frente a un impresionante 55% del candidato ganador, pero frente a un sorprendente e inesperado 17% de Vélez, persona joven, empresario, sin antecedentes o amarres políticos garantizados a través de una candidatura independiente, candidato que con un discurso basado principalmente en el concepto de la autoridad movió masas y alcanzó representatividad de un sector importante de la población, principalmente jóvenes. La lectura de los resultados era clara: una ciudad con más del 70% de pobreza por primera vez hallaba un candidato que representaba lo que es Cartagena, pero también por el segundo puesto se enfrentaba la tradicional forma de hacer política en esta ciudad basada esencialmente en prácticas malsanas o corruptas vs. la independencia, preparación y juventud, combinación ideal para el éxito de una gestión, la cual, a pesar de no haber alcanzado el segundo lugar, sí dejó en el ideario local una señal muy clara: el votante en Cartagena ya no es el mismo.

Basado en ese precedente, el señor Dionisio Vélez se perfilaba como un excelente candidato, opacado solamente por el inconmensurable amor de un pueblo hacia Campo Elías, pero ante la hipotética ausencia de este, un alcalde como el señor Vélez evidenciaría un crecimiento político en la ciudad. Fallecido Campo, era de suponer que una mayoría de ese electorado que eligió a Teherán Dix acudiera a las toldas de Vélez buscando esa independencia que pregonó a los cuatro vientos y que es la única capaz de garantizar la implementación de unas ideas en procura solo de beneficiar a la comunidad y no para satisfacer intereses mezquinos disfrazados de necesidades sociales.

Una vez se dio la vacancia absoluta, solo esperaba que el señor Dionisio Vélez anunciara su aspiración de llegar a la alcaldía; estaba convencido de que era la mejor opción, concepción que fue rápidamente forzada a  revaluarse cuando, sin el más mínimo asomo de recato, Vélez inició una carrera para afianzar el mayor número de alianzas con muchos políticos corresponsables del estado de la ciudad. Sufrí por ello una profunda decepción; soy muy consciente de que el uso ideas en beneficio de la comunidad está condicionada por la voluntad del mandatario y esta última solo resulta relevante si existe libertad para ejercerla, lo cual resulta incompatible con la actitud reflejada en esta oportunidad por Dionisio Vélez.

Dionisio perdió la oportunidad de dejar una huella imborrable en la historia de la ciudad; tuvo en sus manos la posibilidad de marcar una diferencia, tal vez confundido por argumentos hipócritas que lo convencieron de ser esa la única estrategia que podría hacer posible su ascenso a la alcaldía; se echa de menos aquel candidato con propuestas concretas y reales que le imprimía seriedad a su candidatura; desaparecieron los argumentos para ser remplazados por demagógicas estrategias que justamente sustentaban el brillo que en el 2011 lo hacía un candidato distinto.

El señor Vélez puede que alcance la alcaldía, pero será recordado como un mandatario más de Cartagena y no como un ícono o referente político como el que parecía estaba destinado a ser.




* Abogado.
Especialista en Derecho Penal y Criminalogía
y en Derecho Administrativo.


anthonysampayo@hotmail.com


Julio de 2013
La oportunidad desperdiciada
Por Anthony Sampayo Molina *

     OPINIÓN
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