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Resulta común escuchar el lamento ciudadano relacionado con la carencia de autoridad en Cartagena, hecho que, además de indiscutible, entraña la desesperanza de habitantes y la decepción de turistas.

Una sociedad debe su existencia a la ley, ante la ausencia de normas que regulen el comportamiento, el único resultado posible sería el caos junto con una consecuente autodestrucción fundamentada en el individualismo. Cada quien en procura de su éxito o satisfacción, actuaría con base a lo que su moral le indique como aceptable con tal de lograr lo que cada uno considera más le conviene.

Sin embargo, la existencia de la ley resulta inane sin una labor eficaz de un tercero que la haga cumplir, la ley, como mal necesario, desagrada a las personas en la medida que se constituye en un elemento de limitación de su libertad, por eso siempre existirá una tendencia natural a quebrantarla y, en respuesta a ello, se requiere una institucionalidad dispuesta siempre a hacerla cumplir e imponer las sanciones ante su inobservancia.

Una norma que no se ejecuta va siendo poco a poco derogada por cada individuo hasta que la considera como inexistente, fenómeno que ocurre más rápido cuando la autoridad, facultada supuestamente para hacerla cumplir, no solo se abstiene de ejercer su función sino que, incluso, incurre en su trasgresión, tal como sucede cuando vemos a agentes del DATT conducir sin luces o haciéndose los de la vista gorda ante flagrantes violaciones del código de tránsito; agentes de policía mal parqueados o en contravía; brigadistas de espacio público comprando elementos a vendedores ambulantes, etc. Por esta razón es que al guarda de tránsito que impone un comparendo en ocasiones se le agrede, por esta razón es que un agente de policía que llama la atención a un ciudadano por una conducta inapropiada es un 'sapo', por esta razón es que se insulta a un brigadista cuando pretende desalojar un espacio público, es por ello que un carretillero en contravía por una angosta calle del centro se siente con el derecho de insultar a cualquier persona que pretenda hacerlo entrar en razón sobre lo inconveniente de su actuar, por eso es que se recibe a tiros al secretario del Interior cuando pretende hacer cumplir con una ley zanahoria que solo busca proteger a nuestra juventud, etc. Esa es la explicación: el que muchas personas, de forma errada y peligrosa, consideran como permitida una conducta en realidad proscrita, basados en su inaplicabilidad reiterada por parte de quienes deberían ejercer esa función. Aquí es cuando adquiere especial relevancia el denominado "poder de uno".

El éxito de una sociedad depende en gran medida de la acción individual de sus habitantes, una concientización general de la trascendencia de su rol independientemente de la labor que se ejerza o la existencia o no de una sanción que obligue a un correcto ejercicio. Cada persona, individualmente considerada, en todos los instantes de su vida, cumple una función que va más allá de la simple satisfacción personal para convertirse en un elemento que influye en la dinámica de la vida en sociedad, de ahí la concepción del trabajo como una función social, de ahí que el quebrantamiento de una norma de conducta que irradie sus efectos a una comunidad, que presume su observancia general como una garantía de estabilidad, acceda a la posibilidad de sanción como medio de persuasión.

Ante el caos y anarquía en el que convivimos a diario los cartageneros, nuestros dirigentes acuden a exposiciones de autoridad de una forma netamente demagógica, contactan a los medios de comunicación y, con el director de la entidad a la cabeza, montan un retén, hacen un operativo, inmovilizan vehículos, detienen o desalojan personas, decomisan mercancías y, al final de la nota, aquella trillada frase: "continuaremos y ampliaremos estos operativos en toda la ciudad". Falso de toda falsedad: al día siguiente, el mismo caos y anarquía que fue temporal e hipócritamente superado solo para hacer más llamativo un show mediático que dé una apariencia de eficiencia en la gestión.

Un guarda de tránsito o un agente de policía no requieren de un complejo operativo y de medios de comunicación para cumplir con su deber, ese es un mensaje erróneo que se envía a los representante de la autoridad e incluso a la comunidad, la cual irónicamente espera pasiva otro espectáculo mediático como única garantía de disfrutar, por unas cuantas horas, como si fuera un favor o un lujo, lo que en realidad es un derecho.




* Abogado.
Especialista en Derecho Penal y Criminalogía
y en Derecho Administrativo.


anthonysampayo@hotmail.com


Junio de 2013
La demagogia como autoridad
Por Anthony Sampayo Molina *

     OPINIÓN
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