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Campo Elías Teherán Dix murió, su presencia física trascendió de esta tortuosa vida terrenal a una existencia de seguro mucho más apacible. Como cada etapa de la vida nos obliga a tomar posiciones, frente a esta realidad existen dos tipos de personas: unas que consideran que con la desaparición de Campo se esfuma lo que alguna vez pudo representar, que fue un fenómeno pasajero, intrascendente y que la ciudad arrancará de cero como si nada hubiera pasado.  Por otra parte, están los que piensan que Campo fue apenas un comienzo, que el fenómeno Campo Elías es un hito al cual hay que prestarle mucha atención, un momento histórico digno de ser analizado y tomado en cuenta; que el llamado 'campismo' en verdad sí es un concepto que representa una idea de ciudad, algo que se haya encarnado en gran parte de la población. Dentro de los segundos, existe un subgrupo, un buen número de personas que están convencidos de la idea base, pero a los que al mismo tiempo les resulta aterradora en la medida que representa un serio obstáculo para sus intereses, por ello, es que harán todo lo posible para negarla, atacarla, restarle trascendencia o de una u otra forma, erradicarla. Estos últimos son los que conviven a diario con el llamado "fantasma del campismo"

Se hace necesario, pues, formar un equipo de caza fantasmas, reunir individuos con un propósito común: borrar de la memoria cartagenera la era Campo Elías. Mientras que esa idea se mantenga vigente, son consientes que el fantasma del campismo los hará objeto de comparación y, en consecuencia, humillados perdedores ante el nivel de popularidad que hoy más que nunca rodea a Campo.

El equipo de caza fantasmas está formado, incluso, por periodistas que, con el poder de su pluma o micrófono, pretenden negar una realidad con la que no pudieron en las pasadas elecciones y que, muerto Campo Elías, reaparece, ya no en forma de persona, sino de concepto, de sentimiento y de ideal. Qué difícil trabajo el que hoy les toca enfrentar.

Existen personas cuyo propósito en este mundo trasciende a su existencia, los grandes símbolos políticos de la historia casi nunca se les permite acceder al poder y aquellos que por alguna razón lo logran, por una u otra circunstancia no culminan su misión, pero su fugaz paso por la política, resulta ser por el tiempo justo para perpetuarse en la historia y dejar sembrada en su pueblo aquellos valores que lo convirtieron en el líder que era.

Los caza fantasmas se aferran de lo que puedan, juzgan y exponen siete meses de gobierno como si se tratara de un periodo constitucional completo, siete meses en los cuales se destinaron los tres últimos para discusión y aprobación del plan de desarrollo distrital, el cual finalmente fue sancionado en julio, presentándose la enfermedad de Campo en agosto, es decir, Campo nunca pudo ejecutar los proyectos que concibió necesario para el desarrollo de Cartagena, y por los cuales fue electo por más de 160.000 votos, todo sobre la base de una ciudad incluyente e igualitaria para todos; ese proyecto quedó en el aire y requiere en el futuro ejecución.

¿Qué harán los 'campistas' con el legado de Campo? Interesante pregunta plasmada en una nota del periódico El Universal; ¿cuál legado?, se preguntan algunos, pues nada más ni nada menos que una votación histórica, resultado que triplicó el obtenido por el segundo lugar, un respaldo popular que volcó a toda una ciudad a las calles para hacer un homenaje de despedida a su alcalde sin que ningún dirigente político los convocara, un aprecio que desbordaba las lágrimas de muchos y arrancaba gritos de tristeza a otros. Tres días de duelo en el que el pueblo acudía a un coliseo a dar el ultimo adiós a su líder.

Aquellos que consideran que todo esto desapareció de un solo tajo y que la Cartagena en la que se habita actualmente, es la misma que estaba antes de que Campo Elías llegara a la Alcaldía, están en todo su derecho de hacerlo, pero respetuosamente considero que están algo equivocados.

Estoy seguro que la Cartagena de hoy será una ciudad mucho más exigente, más desconfiada; si algo logró Campo, fue desenmascarar a la clase política local, dejar en evidencia el nivel de deslealtad y de egoísmo que la caracteriza, y si algo quedó demostrado, es el divorcio entre el pueblo y ese grupo de líderes que antes decían representarlo.




* Abogado.
Especialista en Derecho Penal y Criminalogía
y en Derecho Administrativo.


anthonysampayo@hotmail.com


Mayo de 2013
El fantasma del campismo
Por Anthony Sampayo Molina *

     OPINIÓN
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