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Aceptando con dolor el hecho de que en Cartagena la mayoría de los 'debates políticos' se dan cerveza en mano y entre 'analistas' que en tiempo de elecciones promueven la misma corrupción por la que hoy se rasgan las vestiduras, lo cierto es que resulta muy difícil no percibir en la masa electoral local una cierta evolución iniciada con la tercera candidatura de Nicolás Curi a la Alcaldía para el año 2005. Corría el año 1999 y el controversial médico, ya una vez alcalde de la ciudad, no pudo terminar su segundo periodo en la Alcaldía luego de escaso un año de mandato cuando se dictó en su contra medida de aseguramiento de detención preventiva; llegado el 2005 la simple aspiración de Curi despertó un repudio generalizado que derivó en consternación nacional. Entre tanto, en el seno de la ciudadanía, dicha indignación se concretó en un histórico abstencionismo del 78%, 40.683 votos en blanco, 21.205 votos destinados a otros candidatos y 4.559 tarjetones no marcados, según algunos analistas, provenientes de una población poco preparada convencida que por esa vía dejaban sentado su inconformismo. Esta coyuntura convirtió al alcalde de Cartagena en uno de los más impopulares del país aunque no lo suficiente para lograr la repetición de elecciones.

Llegó el año 2007 y con él una nueva jornada electoral; la ciudad aun sufría a causa de la frustración que tuvo lugar en el 2005 y con el firme propósito de no entregar nuevamente la ciudad a los caciques políticos de siempre, así sea sin proponérselo como ocurrió en anterior ocasión, tuvo lugar 'el voto rebelde'. En desarrollo de lo que se concibió como una segunda oportunidad, Cartagena votó en contra de la continuidad que era justamente lo que representaba el hoy, al parecer exitoso, gobernador de Bolívar y para entonces candidato a la alcaldía Juan Carlos Gossaín, quien junto con su inmensa maquinaria electoral hasta último momento se consideraron los grandes ganadores de la jornada. Cuentan que ya estaban abiertas las primeras botellas de whiskey y más de un corcho proveniente de fina champaña había volado por los aires cuando, como si se tratara de los jinetes del Apocalipsis, llegó el reporte de la Registraduría donde anunciaba, en contra de cualquier pronóstico, la victoria de Judith Pinedo. Este hecho de 'rebeldía electoral', no tanto a favor de la María Mulata como en contra de Nicolás Curi, se convirtió en una segunda muestra de evolución política que mandó un claro mensaje de independencia.

De esa forma pasamos de un despertar en el 2005 y un voto rebelde en el 2007 a un voto de opinión en el 2011 con la elección de Campo Elías Terán. Abierta las inscripciones para los candidatos, como cazador que localiza su presa, la sociedad divisó a los aspirantes que representaban la vieja clase política contra la que venía luchando; a esto se le sumó una gran masa popular por años excluida, lo que resultó en una maquinaria popular inatajable, blindada a toda clase de ataques, calumnias e insultos; ya los abanicos no causaban ni frío ni calor, los mercaditos, muchos aun con el logo de entidades estatales, no satisfacían el hambre de justicia acumulada durante años de abandono; el argumento de "la falta de preparación" emergía hipócrita después de años de ignorar las calidades de los distintos mandatarios impuestos al pueblo cartagenero. En masa se acudió a las urnas y con una votación histórica de casi 160.000 votos la ciudad eligió a Campo Elías como alcalde; una persona que tal vez no tuvo credencial de la Registraduría pero si trabajaba ad-honorem por un pueblo que lo anhelaba mandatario. Sea por agradecimiento, esperanza o convencimiento, la ciudad eligió a una persona que por primera vez aceptó aquel llamado del pueblo que muchos ilusos dicen escuchar para que los gobernara, convirtiendo esta elección en un verdadero voto de opinión que hace parte de nuestro crecimiento político.

Lo ocurrido en Cartagena obliga a un cambio en las practicas politiqueras arraigadas en nuestro medio, resultando lo más conveniente para futuros candidatos, presentarse como alguien que no represente la antigua clase política so pena de un seguro y humillante fracaso. Lo que muchos oportunistas califican como un error en las urnas del 2011, surge en realidad como un escalón más en el proceso de maduración política de la ciudad, que si bien aun está lejos de alcanzar, podemos decir con total certeza que ya iniciamos el camino y depende de todos continuar por ese rumbo. No se trata aquí de analizar la gestión de Campo al frente de la Alcaldía. Se trata de resaltar cómo una sociedad, poco a poco, despierta del letargo en que fue mantenida durante años de enajenación política.



* Abogado
Especialista en Ciencias penales y criminologicas
Universidad Externado de Colombia



anthonysampayo@hotmail.com
La evolución política que no se puede ignorar
Por Anthony Sampayo Molina *

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