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Las raíces profundas de la violencia contra las mujeres
Por Rubiela Valderrama Hoyos *

* Trabajadora Social, Magister en Estudios de Género.
Cada nuevo hecho de violencia contra las mujeres nos indigna y exaspera, ya no podemos tolerar un feminicidio más. Sin embargo, aunque suene fuerte y repudiable estos continuaran, pues las raíces profundas que los sustentan están intactas, incólumes, afianzadas por la sociedad patriarcal - machista recreada cotidianamente por esta cultura. Aquí radica el problema fundamental.

¿Como desentrañar entonces las lógicas que nos subordinan a este pensamiento, a esta cultura?

La antropóloga feminista Martha Lamas lo ha explicado claramente cuando nos dice que somos seres culturales, "inmersos en un conjunto de relaciones sociales, de costumbres y creencias que nos cruzan y determinan, a partir de aquí somos ubicados/as en un lugar según nuestro sexo. Por estar en ese lugar nos corresponden una serie de tareas, de sentimientos, de relaciones, y pensamos que esto ocurre así de manera "natural", por los aspectos  biológicos, y se nos olvida el proceso cultural" . Se nos olvida que es la cultura patriarcal y machista reproducida en todas las esferas de la vida la que mantiene las relaciones de poder que hace creer todavía hoy a los varones que ellos son superiores a las mujeres, que las mujeres les pertenecen. Es justamente esta idea de poder, de superioridad masculina la que posibilita la matanza de mujeres.

"Nuestra conciencia y nuestras percepciones están condicionadas, filtradas por la cultura que habitamos.  Simbolizamos con el cerebro a partir del lenguaje, que es el medio que nos estructura psíquica y culturalmente: para volvernos sujetos y seres sociales... Pero las primeras lenguas se construyeron a partir de un proceso binario que produce información por la contraposición de opuestos: mujer/hombre, noche/día, frio/caliente, etcétera. De esta manera las sociedades piensan binariamente y elaboran también así sus representaciones" .

Este pensamiento binario, primario y arcaico ha llevado a la humanidad a su deshumanización, pues se fundamenta de manera simple en sólo dos posibilidades de ver e interpretar la vida y el mundo. Bajo este pensamiento se entiende entonces que sólo se puede ser fuerte o débil, blanco o negro, rico o pobre, macho o hembra, Eva o María. Este pensamiento binario no le da cabida a los términos medios, a otras posibilidades de ser o estar en este mundo. Es justamente en este pensamiento de los extremos irreconciliables donde filósofos como Aristóteles se apoya para crear su doctrina del poder procreador masculino y desde la cual intenta demostrar erróneamente la inferioridad femenina.

Lo peligroso y dañino de esta doctrina fue que Aristóteles las convirtió en conceptualizaciones y categorías políticas, y a su vez en una visión jerarquizada y dicotómica de la vida y el pensamiento: "El alma gobierna al cuerpo; lo racional a lo emocional; los humanos a los animales; el varón a la mujer; los amos a los esclavos; los griegos a los bárbaros...Todo lo que el filósofo necesitó para justificar las relaciones de clase y género existentes en la sociedad fue demostrar de qué manera cada grupo subordinado ha sido designado por "la naturaleza" para ocupar el rango dentro de la jerarquía".  
            
A partir de allí, y por las particulares condiciones biológicas se ubicó a las mujeres en el ámbito de la naturaleza. Sin embargo, no contentos con esto, la filosofía occidental representada ahora por Rousseau, conceptualizó que la naturaleza era: "lo salvaje a domesticar" en la contraposición ancestral naturaleza-cultura, y como la plenitud originaria e ideal".

Entonces, si la naturaleza no razona porque es lo salvaje a domestica… y las mujeres son naturaleza… estas quedaron excluidas de todos los espacios en los que el pensamiento y las ideas juegan un papel esencial. De esta manera las mujeres se volvieron las hembras de la especie humana, no razonan, no  piensan, no opinan, son inferiores, "son lo salvaje a domesticar", por eso no tenían derecho a la educación, a participar, no eran ciudadanas, solo debían obedecer y atender unos hijos y un marido. De esta manera se educó a la humanidad por miles de años.

Hoy día, millones de hombres siguen creyendo que las mujeres son seres inferiores a ellos, que salieron de una falsa costilla, esa mala educación que todavía pervive les permite abusar de su supuesta superioridad. Por eso hasta el más desgraciado de los hombres cree tener por derecho una mujer a quien mandar.

Muchos dirán también, que las mujeres somos responsables, machistas y cómplices de esta situación, pues no diré que no, es claro que hemos sido  educadas no sólo para aguantar las golpizas, si no para reproducirla y justificarla culturalmente. Por ello, la única manera de enfrentar la matanza y arrancar las raíces profundas que sustentan la violencia contra las mujeres es cambiando la cultura, y esto se logra en un proceso a largo plazo, permanente, continuo e integral de educación en derechos humanos, en respeto por la otra, por el otro, por todos y todas, por la vida, por las diferencias, por la diversidad. Y si no comenzamos hoy, mañana lamentablemente tendremos otra mala noticia.





ruvaho@yahoo.es


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