La charla de Pedro y Tomás
Y se calienta la cosa política...
Por Lalo Vivo

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Los pescadores, instalados en el espacio público frente al Centro de Convenciones, son testigos de lo que ocurre en la ciudad, principalmente en materia política.
Pedro y Tomás de- jaron de trabajar un tiempo. La Oficina de Espacio Público les advirtió que debían abandonar el lugar donde pescaban todos los días, frente al Centro de Conven- ciones, y les propuso dos alternativas: o eran reubicados o se les compensaba con un dinerito. Ellos optaron por lo segundo, pero al tiempo vieron la oportunidad de regresar al lugar sin que nadie los molestara, y ahí están. Listos para 'rajar' de todo el mundo.
No tenían dos días de haber regresado cuando lo vieron llegar. Se bajó, en medio de varios escoltas, y se dirigió imediatamente a la puerta del Centro de Convenciones. Unos periodistas trataron de abordarlo pero, bien entrenados, dos polícías lo impidieron.

- ¡Hey!, ¿ese no es el alcalde Otero? - le preguntó Pedro a su eterno compañero.

- Ajá, debe ser. Por lo menos el chofer y los escoltas son los mismos que tenía el viejo Campo - respondió Tomás.

- Sí, sí es; así me habían dicho que era él; no le habla a los periodistas... - señaló Pedro. ¿Por qué será?

- Me dijeron que es porque se han puesto a decir que él es de la familia García Romero, y eso no es verdad. Él es, nada más, de Juan José y la niña Pieda

- Ajá, pero, y entonces, ¿uno no tiene derecho a tener jefes?; ¡esos periodistas son más chismosos que nosotros! - expresó, sonriendo, Pedro. - Y a propósito de periodistas: ¿cómo es el cuento que le oí por ahí a uno de ellos, de que el alcalde otra vez había orinado fuera del tiesto, dizque porque había dicho que él no era ninguna autoridad?

- Ah, sí. Lo que dijo es que él no se iba a meter con su secretario del Interior, Javier Doria; que lo hicieran las autoridades, dijo, como si él no fuera también autoridad...






- Oye, sí - prosiguió Pedro su discurso - de pronto es porque la autoridad es el pecoso, jaja; lo que dijo el periodista es que fue otra metida de pata, ya que él no solo es la primera autoridad administrativa del Distrito, sino además porque la Alcaldía tiene una Oficina de Control Interno y una Oficina de Control Disciplinario, que dependen directamente del alcalde.

- Y a todas estas, ¿qué dirá de este rollo la famosa Comisión de Notables que crearon dizque para buscar la transparencia en la Alcaldía? - preguntó Tomás. 

- ¡Si no tienen nada que decir! ¿no ves que todo ha sido tan transparente que hasta ya se sabe quiénes estuvieron en los palcos que mi amigo Padilla entregó? - bromeó Pedro soltando una risotada.

- En serio, viejo man, dájate de maricadas - le espetó Tomás a su entrañable amigo. - Este caso es sumamente grave. Oí por ahí que Pablo Bustos, el veedor que jodió a Cáceres y tiene en la mira a la niña Pieda, ya tiene lista una denuncia, y no habla únicamente lo del Tsunami Vallenato sino también de otros permisos que dizque se dieron violando toda clase de normas. El man dizque se viene con toda porque los hechos vienen de atrás y es muy fácil conseguir las pruebas; dicen que hasta concejales y altos funcionarios están metidos en eso. 

- Pilas con lo que hablas que nos pueden volver a sacar de aquí - lo interrumpió Pedro.

- ¡Qué carajo! - le replicó Tomás - ¡ya arrancaron las campañas y ellos no van a ser tan pendejos como para perder los votos nuestros y de nuestras familias!





    POLÍTICA
Los casos de Hacienda,
a la Fiscalía

- Hermanazo - le dijo Pedro a Tomás, mientras se secaba las manos con una raída panola - ¿supiste que, mientras el contralor Mario Feliz decía en una rueda de prensa que en Hacienda no había déficit sino faltante, el concejal Andrés Betancourt estaba en la Fiscalía ampliando su denuncia sobre los mismos hechos? 

- Sí, marica, eso le escuché a alguien. Lo que oí es que hay una pelea casada entre el concejal de la Mariamulata y la concejal de los García, Duvinia Torres; y el contralor, como todos saben, es hermanito de un diputado de esa misma casa. Vamos a ver cómo termina esto. Lo importante es que todo apunta a lo mismo: en Hacienda algo huele mal. Muy mal. Y debe investigarse.