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Estos días en los que Cartagena estrena alcalde y gabinete y se prepara un nuevo plan de desarrollo, para lo cual deberán tomarse decisiones sobre temas fundamentales, es buen momento para describir el escenario que podría crearse si Dionisio Vélez cumple con el mandato claro que le entregó la ciudadanía: iniciar la transformación de la ciudad.

También es un buen momento para preguntarse: ¿dónde está la ciudadanía en todo esto? ¿Será posible gobernar sin la gente? Y podría creerse que es posible si observamos que los últimos gobiernos locales han estado de espaldas a la ciudadanía. Hay muchas sospechas de que el interés particular -en ellos - haya primado en las decisiones públicas.

Cuando un gobierno ejerce el poder sin la gente se disparan los delitos, se desploma la economía, los jóvenes se vuelcan a las calles, indignados, la contratación termina con irregularidades, los funcionarios con problemas legales y, lo que es peor, surge el descontento popular.

Aunque muchos no sean conscientes de elllo, la desconfianza ciudadana genera costos muy altos en una sociedad. Si la distancia entre el gobierno y la ciudadanía es corta, hay más probabilidades de tener una democracia amplia y plena. En el caso contrario se presentan serios problemas como los mencionados arriba.

La confianza es un factor vital en una democracia y en una economía. Por ello, Dionisio Vélez tiene como objetivo principal en su programa de gobierno recuperar la confianza de la ciudadanía en las instituciones y la acción colectiva. No es un reto menor, teniendo en cuenta la crisis política y administrativa por la que atraviesa la ciudad, la cual tocó fondo en los últimos dos años. Sin embargo, es necesario anotar que, entendiendo el contexto actual, la manera más efectiva de lograrlo es gobernando con la gente y para la gente, como lo decía el dirigente americano Abraham Lincoln.

En una publicación reciente, John Mcknight, director del Instituto de desarrollo comunitario, afirmó que el desarrollo económico, social, político y humano está sustentado en un banquillo de cuatro patas: el gobierno, los empresarios, las organizaciones no gubernamentales y las comunidades. En Cartagena este banquillo tiene tres patas débiles y una pata mocha. Por esto la gobernabilidad se tambalea; pareciera que se fuera a caer. En consecuencia, Cartagena necesita un buen gobierno como expresión de gobernanza.

El buen gobierno, tradicionalmente, se ha entendido como un modelo de acción gubernamental, caracterizado por factores como la transparencia, la eficiencia y la rendición de cuentas. Eso, efectivamente, es buen gobierno, pero el concepto debe ir, y en efecto va, más allá. Un bueno gobierno es ejercer la gobernanza.

En el mundo contemporáneo, los procesos gubernamentales no solamente deben ser el resultado de planes y programas que recojan las intenciones de líderes políticos y partidos, sino que asuman necesidades y expectativas de los ciudadanos. En este último aspecto, no solamente debe aparecer la de quienes se han organizado como grupos de interés o grupos empresariales sino -principalmente - como comunidades. Por tanto, el buen gobierno es gobernanza en la medida que se vaya más allá de la visión de gobernabilidad y la eficiencia en el manejo de los asuntos públicos. La gobernanza, entonces, es la capacidad de un gobierno y una sociedad para practicar la acción colectiva y valorizar el trabajo en comunidad.

Ya el nuevo alcalde, con su espíritu joven y renovador, ha dado pasos en ese sentido. Ha proclamado un gobierno en la calle, despachando desde los barrios y trabajando duro para generar resultados colectivos entre la comunidad, los empresarios y el gobierno. Y se ha comprometido en definir un gabinete independiente y capaz que dé garantías de buenas ejecutorias. En síntesis, anuncia que su gobierno será de decisiones bajo el marco de una política sana y de manos limpias.

Cartagena lo tiene todo para ser una ciudad líder en la región y el país. Industria, comercio, puerto, turismo, talento, cultura y el deseo de crecer que tiene su gente, son factores que determinan buenos pronósticos en desarrollo y competitividad hacia futuro. Falta un buen gobierno y una ciudadanía activa y responsable que asuman el desarrollo de una buena gobernanza, para que Cartagena se convierta en un universo de oportunidades para todos y todas.



* Politólogo, Especialista en Investigación educativa.


La oportunidad de una buena gobernanza en Cartagena
Por Luis Enrique Torres Fernández *

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