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La ciudadanía es la única que posee el poder de la transformación. En ella reside la posibilidad de tener mejores instituciones, mejor gobierno y mejor país. Ciudadanos y ciudadanas tiene la capacidad de reformar y reconstruir el estado con el propósito de ampliar la democracia, las libertades y los derechos hacia un futuro responsable con la vida, la dignidad y la justicia social.

Muchas experiencias en el planeta han demostrado lo lejos que puede llegar una ciudadanía organizada, formada y consciente de su poder. En Chile, luego del paso de la dictadura criminal de Pinochet, emergieron espacios de concertación por parte de las reservas democráticas de esa sociedad que lograron construir un proyecto ciudadano, dignificando la política y reconstruyendo el orden democrático del Estado chileno. Pero nada de esto hubiera sido posible si la ciudadanía no reaccionara, no saliera a las calles, no se movilizara a exigir el derecho de la dignidad y manifestarlo en las urnas, como lo han venido haciendo en los últimos años y les ha permitido tener un crecimiento económico sostenible y una política social responsable, bajo el liderazgo de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, esta última víctima de Pinochet.

Podemos revisar los casos de Brasil, Alemania, Finlandia, Suráfrica y otras naciones, que luego de pasar capítulos de terror, miedo, exclusión y desesperanza, decidieron, por la fuerza de la ciudadanía y sus líderes, escribir una nueva historia. Inclusive, para no ir tan lejos, las experiencias de Bogotá, Medellín y Barranquilla son destacables en la medida que hoy son mejores ciudades gracias a que su gente ha cambiado la manera de ejercer la política y ha venido eligiendo de forma libre y competitiva a los dirigentes.

En Colombia, la ciudadanía tendrá una prueba de fuego el próximo 20 de junio, cuando elegirá un nuevo Presidente. Existen dos opciones: Juan Manuel Santos y Antanas Mockus. O tres, para los que prefieran el voto en blanco. Yo votaré por Mockus. Creo que es él quien encierra la posibilidad de tener una Colombia democrática, justa y sin corrupción. Es un liberal en todo el sentido de la palabra, aunque con ideas conservadoras que no sobresalen mucho en su discurso. Sin embargo, lo que más valoro de este candidato ha sido la forma espontánea como logró mover a la ciudadanía para que votaran por una opción distinta. Algo parecido logró Gustavo Petro, el ex candidato del POLO, no sólo el pasado 30 de mayo, sino en la consulta abierta de su partido.

Pero esta vez, antes de hacer campaña por algún candidato, vengo a recordarles que votar es un derecho, pero ante todo es un poder. No podemos elegir a alguien por razones distintas a transformar nuestra realidad. Tenemos que dejar de ser el país con más corrupción, desigualdad y violencia de América. Cambiar eso, depende de nosotros. Sí podemos, como dijo Obama en su campaña.


* Estudiante de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar



Poder ciudadano
Por Luis Enrique Torres Fernández *

Vi voto por Petro
No son las populares. Son las impopulares

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