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Los negritos de Cartagena se van a quedar sin ver a su héroe Obama o lo verán por televisión.

Las medidas de la cumbre han hecho que el alcalde de Cartagena como se dice en el argot popular “pele el cobre”. De ser un “antiblanquito” como lo promulgaba en su noticiero popular, se está convirtiendo en un negro excluyente de los negritos.

Las fuerzas de seguridad manejada por cachacos que ven en todo negro a un potencial delincuente, cada vez que hay una cumbre o un evento atropellan el quehacer diario de la ciudad y todo el mundo entra bajo sospecha. Claro es una ciudad de negros.

El turismo de la ciudad está manejado a los trancazos e interfiere con la vida del ciudadano. Para que unos cuantos ganen dinero, el resto de la ciudad ve vulnerados sus derechos al libre tránsito y a andar sin ser molestado por autoridades repelentes, que bajo la excusa de la seguridad se convierten en factor de molestia para el ciudadano.

Las cumbres son importantes y la seguridad es importante pero para eso está la inteligencia militar y policiva y la medida de excluir a los ciudadanos y a los vendedores de los espacios públicos, calles, playas, plazas, no es más que la muestra de nuestro atraso mental y secular ante un tema que como la seguridad es de inteligencia y de alta tecnología.

Así que los negritos de Cartagena debido a todo esto se van a quedar sin ver a su héroe Obama, el primer negro en derrotar electoralmente a la hegemonía pálida norteamericana. O tendrán que verlo por televisión.

Muy mal sabor deja que el alcalde no tenga los pantalones suficientes para impedir que los cachacos vengan a hacer de su ciudad una charca de lagartos infames que  prejuiciados contra los negritos, les impidan tener un acercamiento a los lugares de los eventos de una cumbre tan importante que “desamericaniza a los negros por sospechosos”.

Esto no es extraño pues la ciudad para complacer a estos genios de la seguridad, evento tras evento, año tras año, ha tiranizado la vida citadina, hasta el punto que quienes viven en Cartagena no sienten a la ciudad como suya sino como “ajena”.  Se esperaba que con este alcalde se pusiera freno a estos malabares de la genialidad cachaca en tales temas de seguridad, pero ha venido mostrando que no es el alcalde sino un filipichín de quienes le rodean.

Se nos mandarineó el alcalde en el tema de dejar el manejo de la ciudad en manos de los genios de la seguridad, hasta el escandaloso punto de desocupar las playas de Cartagena con el maniqueo y esquelético argumento “por si Obama o alguno de los otros presidentes quiere bañarse en nuestras playas”. Como si no supiéramos la contaminación de “buzos amarillos” que aún persiste en ella y de cuya infección es menos difícil que se salve un presidente andino como Evo Morales, que de un “atentado”.

Cartagena no se respeta a sí misma. El turismo y los grandes eventos le dejan a la ciudad un mal sabor que cuando parece estar pasándose, viene otra andanada que bajo la excusa de siempre, tiene que esconder a sus negros, que somos algo más del 93% de la ciudad y cuando Obama pregunte “¿y donde están mis negritos?”, el alcalde va a tener que decir “El único negro soy yo, elegido por los blanquitos de la ciudad”, porque sería horroroso que saliera a confesar que le da pena que los negros anden libres por las calles porque deberíamos andar con un grillete y un boliche en la pierna picando más piedra para hacer más murallas que es lo que vienen a ver los blancos.

Y cuando los  asistentes empiecen a preguntar por las putas, los locos, los pordioseros,  los drogadictos, no sabemos que irá a decirles el señor alcalde… ¿Tal vez que los tiene comiendo mandarinas?


* Periodista


luisroncallo@gmail.com
El alcalde de Cartagena
Un negro antinegritos
Por Luis Roncallo Fandiño *

     OPINIÓN