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A pesar de no creerles
Por Horacio Cárcamo Álvarez *

* Abogado, especializado en Derechos Humanos. Esxsecretario de Educación de Bolívar
La Farc-ep  manifiesta al gobierno su voluntad de poner fin al cautiverio de policías y soldados que mantienen en la selva en condiciones infrahumanas desde hace más de diez años. Igual hacen público el deseo de poner fin a la abominable estrategia del secuestro de civiles con propósito financieros.

El anuncio "es un paso importante, pero no suficiente" para el presidente Santos. Los expertos en el tema, e inclusive la gente del común, coinciden en esa apreciación; es interesante el ofrecimiento pero debe recibirse con prudente optimismo.

Es apenas lógico que el escepticismo se anteponga a la esperanza. Las guerrillas en nuestro país, y en particular la farc-ep, mienten sin ruborizarse. Son  maquinas de la muerte, crueles y cínicas,  cuyos métodos mafiosos tienen en estado de angustia a ricos y pobres, de quienes se ganaron el odio y el rechazo por igual.

La farc-ep hace parte de un grupo de guerrillas idealistas en sus génesis conformadas en América latina para luchar contra el status quo, de presente en la frustración de los jóvenes, en la ocupación del territorio nacional por el imperio y en dictaduras sanguinarias perseveradas con el saqueo y la represión.

En un tiempo ante la imposibilidad de lograr la movilización social con los instrumentos democráticos la lucha armada se convirtió en la opción obligada; las montañas y el fusil fueron el refugio de soñadores para quienes la vida era un componente más que ofrendar en la lucha por el bienestar de los pueblos.

El movimiento 26 de julio (M-26-7), liderado por los hermanos Castro y Che,  en Cuba derroto con las armas al establecimiento batistiano, el Frente Sandinista Para La Liberación Nacional (FSLN) lo hizo en Nicaragua y venció a Somoza, la guerrilla unida del Farabundo Martí Para La liberación Nacional  (FMLN) del Salvador firmo en 1992 un acuerdo de paz.

En Perú  Sendero Luminoso fue derrotado militarmente. La Farc no pudieron o no han querido interpretar la historia haciéndose los bobos para no entender que el mundo cambio después de la desaparición de la cortina de hierro, la caída de las torres gemelas, la vigencia de la corte penal internacional y más recientemente con el movimiento de los indignados.

Estamos en presencia de una guerrilla a la que todo le resbala. Al clamor y las suplicas de familiares de secuestrados, al desprecio público en grandes marchas de abominación, y a las advertencias de la comunidad internacional le responden con saña. Sus métodos de lucha, el negocio del narcotráfico, el desprecio por los Derechos Humanos y el ataque indiscriminado a la sociedad civil cada vez la distancian menos de ser simples terroristas de baja laya que asesinan, matan y despojan a quienes dicen "reivindicar".

Le maman gallo al gobierno y al país desde los diálogos de paz en Tlaxcala México hasta el traumático Caguán, por ello no se les cree, y a pesar que los más optimistas piensan que se trata de un gesto de paz la mayoría de la opinión nacional considera lo contrario. Los liberan porque no los pueden tener más dado los escuálidos réditos políticos obtenidos: desprestigio ante el mundo de naciones civilizadas que recuerdan en las alambradas y las cadenas del cautiverio los campos de concentración nazis y golpes militares como la "operación jaque".

Sin embargo el gobierno, así sea con reservas, tiene el deber de explorar la solución política del conflicto porque la paz es uno de los Derecho humanos inalienables del hombre. "La guerra nunca es inevitable".

horaciocarcamoalvarez@yahoo.com

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