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"Experiencia dramáticamente aterradora"
Por Horacio Cárcamo Álvarez *

* Abogado, especializado en Derechos Humanos. Esxsecretario de Educación de Bolívar
Una noticia como la de beneficiar con cien mil viviendas a más de cuatrocientas mil personas pobres, de las más pobres de Colombia, era para que tuviera en júbilo al país. Sin embargo parece que no ha sucedido así. Al ofrecimiento de la presidencia se le embiste con toda clase de argumentos.

Para algunos se trata de demagogia populista, recurso al que se le echa mano en momentos en que la imagen de favorabilidad del presidente desciende; otros consideran el ofrecimiento una  estrategia de campaña para asegurar la reelección del primer mandatario o las simpatías a un candidato de palacio; y no faltan quienes advierten, de manera maliciosa, que atender a los pobres en este menester puede poner en peligro la salud financiera del país y el orden constitucional.

Cierto es que el populismo es un aparejo utilizado por la derecha y la izquierda política para lograr algo de legitimidad y perpetuarse en el poder. En República Dominicana el sanguinario dictador Rafael Leónidas Trujillo al mismo tiempo que acribillaba a balas a todo aquel que osara oponérsele repartía comida en las calles; el asistencialismo es ahora la modalidad para conseguir los votos de quienes se benefician con la limosna del gobierno y los nacionalismos también debutan como táctica para perpetuar reyezuelos con la famosa teoría de los "Estados de opinión".

La propuesta de las viviendas para los más pobres enmarca en la finalidad del Estado Social de Derecho, a quien se le exige el deber de asegurar una vida digna a sus habitantes, y tal como lo reitera la Corte Constitucional, "actuar efectivamente para mantener o mejorar el nivel de vida, el cual incluye alimentación, vivienda, seguridad social y los escasos medios dinerarios para desenvolverse en sociedad".

Según estudio de las Naciones Unidas Colombia es uno de los países más desiguales del mundo, superado solo por Haití y Angola. Datos oficiales indican que 7.159.000 de colombianos están en condiciones de pobreza extrema y sobreviven con 120.588 pesos (cuatro mil pesos diarios). Este grupo desafortunado de compatriotas no tendrán jamás una vivienda digna si el Estado no se las proporciona.
Rafael Pombo director del periódico calificó de "experiencia dramáticamente conmovedora" la manera cómo viven en el "barrio casa finca" de Montería unos colombianos que cuentan como vivienda parapetos con techos y paredes de cartón y plásticos donde el hacinamiento y la promiscuidad es el denominador.

La vivienda digna hace parte de la lista de Derechos Humanos que reconocen los tratados internacionales y que el Estado tiene el deber de respetar, proteger y hacer efectivos creando las condiciones para el disfrute del nivel mínimo como lo señala la doctrina internacional.

La derecha, la misma que se opone a la solución negociada del conflicto, guardó silencio cuando el gobierno en otros tiempos regalaba plata a los bancos para que no se quebraran, así como a los terratenientes de agro ingreso seguro, ahora reaccionan contra las casas para los colombianos en extrema pobreza.

Entregar viviendas a los más pobres que jamás dispondrán de los propios medios para lograrlo es un deber legal y ético en un "Estado Social de Derecho".




horaciocarcamoalvarez@yahoo.com

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