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Tal vez soy de los pocos colombianos que está convencido que el doctor Germán De La Pava, el flamante director administrativo del Hospital Universitario Santa María, proyecta un notable sentido de la lealtad y compromiso con la institución para la cual trabaja, y en la mayoría de las circunstancias que le toca sortear a diario no tiene otra salida distinta que anteponer la salvaguarda de los recursos del Santa María por encima de cualquier otro sentimiento o razón de carácter humanitario, salvo las de su propio corazón o su lascivia procaz. Esa es la realidad nacional del panorama hospitalario recreada actualmente en A CORAZÓN ABIERTO, la producción televisiva que transmite el canal RCN todas las noches.

Muchas de las situaciones que enfrentan comúnmente los personajes de la serie son conocidas por casi todo el mundo, especialmente porque retratan la escena cotidiana de un buen número de colombianos que consumen su tiempo y su vida en las salas y pasillos de las clínicas y hospitales del país, y también, porque el cine y la televisión han hecho de ese diario acontecer un excelente recurso argumental. En todas las épocas de la historia y en todos los lugares del mundo, salvar vidas (como han denominado los médicos del Hospital Santa María a su verdadera vocación) ha causado una especial admiración, no tanto por lo que son quienes lo hacen, sino por lo que hay detrás de esos seres impecablemente vestidos con una bata, y no solo por lo que hacen de las vidas ajenas, sino por lo que hacen con sus propias vidas.

Es también sabido el tristísimo papel que le toca asumir al Dr. De La Pava cuando ingresa un paciente al Hospital Santa María, por urgencias o por consulta externa. Mientras pueda hacerlo, personalmente, cara dura y calculadora en mano averigua si es sisbenizado o no, a qué EPS está afiliado (para poder saber a qué atenerse a la hora de facturar), si es un accidente de tránsito, cuál es la tarifa Soat del eventual procedimiento, qué médico o médicos lo atenderán, si el equipo es confiable, etc.

Lo que mucha gente no sabe (y que el programa no muestra) es lo que le toca hacer al Dr. Germán De La Pava cuando todo el equipo médico termina cada procedimiento, que diariamente son bastantes y todos muy diversos. Pues bien, el  Dr. De La Pava debe ordenar el diligenciamiento de todos los formatos y registros disponibles para todos los casos, que recogen la información de lo ejecutado por el personal médico. Buena parte de esa información será el soporte para la facturación que emite el hospital y que se cobrará directamente a los pacientes particulares atendidos, o a cada EPS acorde con los afiliados que se atendieron. Y ahí comienza el verdadero viacrucis del Santa María o de cualquier hospital o clínica de regular o mediano prestigio, autonomía, suficiencia patrimonial y - sobretodo - tradición.  Los que aún sobreviven en este país, de eso, estrictamente, viven.

En el argot de la auditoría médica (una especialidad del área administrativa de la salud y, a ratos, un oficio siniestro para cohonestar el delito soterrado de las EPS) se les suele llamar glosas, que son reparos que se hacen a las cuentas de las clínicas y hospitales para retrasar su pago, o para no pagarlas. Bien valdría la pena, por mera curiosidad, conocer todas las causales por las que a diario se glosan las cuentas de clínicas y hospitales del país. Desde luego, hay razones muy justas y válidas, pero hay una extensa lista de razones artificiosamente infundadas que responden a la propia dinámica de los negocios que se manejan en cada EPS.

Ya imagino la cara de rabia,  y de impotencia, del Dr. De La Pava cuando se ha enterado que le han glosado las cuentas que emitió a una o varias EPS. A desandar lo andado, quien sabe cuántas veces más. Porque a menos que haya un buen "entendimiento" con estas empresas, no parará de sufrir hasta no ver la cancelación de las facturas pendientes de pago. Y si hay buen "entendimiento", no es muy complicado imaginar de dónde saldrá la buena voluntad de la EPS, porque no será a costa de lo realmente gastado y facturado por cada paciente atendido. Para la junta de socios de este Hospital, quien pide cuentas muy seguidamente, estos déficits no tienen ninguna presentación. Por eso es que hay hospitales en este país que facturan procedimientos que nunca realizan, curaciones de heridas inexistentes, terapias físicas o respiratorias que no se hicieron, etc., pero que siempre son cancelados por las EPS sin ningún reparo. Este circuito se abre y se cierra siempre que es admitido un paciente en el Hospital Universitario Santa María, administrado ejemplarmente por el celebérrimo Dr. Germán De La Pava, un ser - como él mismo se describe - cargado de auténtico pragmatismo, como tantos otros que existen en este país.


* Odontólogo
En defensa del Dr. De La Pava
Por Freddy Durante Racero *

     OPINIÓN