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En 1776, el escocés Adam Smith sembró las semillas del sistema económico que desde entonces ha primado en la mayoría de los países del mundo: el capitalismo. Famosos son los postulados del libre juego de la oferta y la demanda, la mano invisible, el equilibrio natural  de los mercados, el laissez faire, laissez passer, para citar sólo algunos.

Hoy las leyes del mercado tienen significado para los países, empresas y familias. Y en plena postmodernidad, van  más allá, aplican a múltiples actividades sociales, entre ellas deporte, o más específicamente, a la industria deportiva. La eficiencia, característica fundamental de la economía de mercado, opera con estricta rigurosidad y exigencia en la gestión deportiva. Al menos, en las organizaciones exitosas.

El mercado castiga las malas decisiones en el endeudamiento de los clubes, la compra - venta de jugadores, el manejo de la publicidad, la comercialización de abonos y las estrategias de merchandising. Los aficionados fungen como consumidores, exigiendo calidad y buscando la maximización de su utilidad o satisfacción. La palabra de moda en la gerencia deportiva es profesionalización de la gestión.

Ahora que el equipo de fútbol Real Cartagena se encuentra en plena crisis financiera y deportiva, permítanme compartir con ustedes la siguiente reflexión del profesor Antonio Dávila en el prólogo del libro de Stefan Szymanski (economista deportivo) y Simón Kuper (periodista), titulado "Soccernomics". El profesor de Sports Management del IESE de Madrid, afirma que "Con las dimensiones económicas que se mueven en la actualidad, este tipo de gestión [poco profesionales] es cada día más inviable. Los gobiernos van a tener cada vez más problemas para salvar al fútbol porque las magnitudes son ya demasiado relevantes. Por otro lado, los negocios de por sí son arriesgados; solo falta añadir la mala gestión para que los riesgos no se puedan asumir. Es más, directivos bien preparados no tienen piedad en aprovechar cualquier ocasión que les deje el contrario. Competir en primera división con un equipo de segunda tiene consecuencias nefastas".


En mi opinión, nada más pertinente que este análisis para entender lo que le ocurre a nuestro equipo local (?) en la coyuntura actual. La gestión administrativa del Real Cartagena a lo largo de su historia, no ha sido profesional. Las decisiones tomadas no corresponden a una empresa deportiva. Han primado los intereses familiares por encima de los corporativos. Es decir, a los riegos inherentes al producto y al mercado del fútbol, se les sumó una gerencia deficiente. Los otros equipos, con dirigentes mejor preparados, aprovecharon las ventajas que dio la dirigencia del Real Cartagena. Competimos en el campeonato de la A con un equipo de la B que se podría ir para la C.

El Gobernador de Bolívar y el Alcalde (e) de Cartagena han metido mano en el asunto, en representación de los miles de aficionados de nuestro territorio. Esto merece el reconocimiento de la ciudadanía. Pero, ¡ojo que el palo no está para cucharas! "El negocio del fútbol tiene sus propias reglas, y los resultados de los equipos, mirándolos con perspectivas de varios años, también", afirma Dávila. La intervención del Estado en este mercado debe ser más de facilitador que de inversionista. Y si participa, debe medir con exactitud milimétrica su aporte. Con  las crisis en los sectores de la salud y educación en el departamento y el distrito, más vale ser prevenido. Imperdonable sería involucrarnos en el peor negocio del mundo.



* Economista con especialización en Finanzas
y Legislación Financiera. Exalcalde encargado
y exsecretario General de Cartagena.


f.merlano@hotmail.com

Febrero de 2013

Adam Smith y el Real Cartagena
Por Felipe Merlano de la Ossa *



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