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El Distrito de Cartagena de Indias es una de las ciudades de Colombia con mayores niveles de crecimiento poblacional y económico desde 1990 hasta nuestros días. Así lo afirman los economistas Adolfo Meisel y María Aguilera, vinculados al Centro de Estudios Económicos Regionales (CEER) del Banco de la República Sucursal Cartagena, en su trabajo "¿La isla que se repite? Cartagena en el censo de población de 2005". Lo mismo han reiterado en diversos escenarios, directivos gremiales, empresarios, comunicadores de los medios locales y analistas independientes.

Por su parte, Karina Acosta en un trabajo publicado por el CEER en diciembre de 2012 afirma: "En términos de inversiones industriales y crecimiento económico, Cartagena no puede estar pasando por un mejor momento. La sucesión de inversiones que hoy acechan a la ciudad no se evidenciaba desde hace más de veinte años. Sus características particulares la ubican como el mayor centro industrial de la costa Caribe en los últimos años, explicado principalmente por una de sus mayores apuestas: el cluster petroquímico-plástico".

Sin embargo, investigadores sociales, periodistas, líderes ciudadanos y los mismos expertos de los centros de estudios económicos, convergen en que ese crecimiento económico no se refleja en los indicadores de desarrollo humano. Para nadie es un secreto que los niveles de pobreza de Cartagena están por encima de la media nacional y separados por una gran brecha de ciudades como Bogotá, Medellín, Bucaramanga y el eje cafetero.

Esta situación corresponde a lo que, gracias al economista chileno Fernando Fajnzylber, se conoce como el nombre de  Síndrome del casillero vacío. El economista austral construyó una tabla en la que clasificaba a los países latinoamericanos de acuerdo con dos (2) criterios: el crecimiento económico y la desigualdad en la distribución del ingreso. Esta última, medida a través de un coeficiente concebido por el estadístico italiano Corrado Gini. 

Fajnzylber encontró que, luego de ubicar a todas las naciones dentro de las distintas combinaciones de esas dos variables, una casilla quedaba vacía: la que correlacionaba alto crecimiento económico con baja desigualdad en el ingreso. En un artículo de hace un par de años, el analista Roberto Bissio, Director Ejecutivo del Instituto del Tercer Mundo, considera que a pesar de haber transcurridos más de 20 años desde cuando Fajnzylber describió esa trágica situación, es muy poco lo que se ha avanzado en nuestro subcontinente y el casillero aún se encuentra vacío. América Latina sigue siendo considerada como la región más desigual del mundo.

Si la situación es preocupante en el contexto internacional, en el caso local de Cartagena de Indias resulta mucho más dramática y peligrosa. Acosta lo destaca en su trabajo de manera contundente: "Pese a que la inversión y los proyectos se encuentran dando grandes pasos, no pasa lo mismo con su desarrollo social. Un paralelo de la Cartagena de hoy, 201 años después de su independencia de la Corona española, y hace un siglo, pareciera mostrar un poco del rezago de la ciudad a la cual le hace falta aprender de los casos de ciudades colombianas exitosas tales como Bucaramanga y Medellín. La inclusión social ha sido irrisoria para la magnitud de proyectos que se están dando en Cartagena".

Aún cuando esta realidad ya es reconocida por propios y extraños, vale decir que  existe evidencia adicional en publicaciones de Cartagena cómo vamos, la Universidad Tecnológica de Bolívar, la Corporación Viva la ciudadanía, el Observatorio del Caribe Colombiano y en el trabajo de Gerson J. Pérez e Irene Salazar Mejía sobre La pobreza de Cartagena - Un estudio por barrios Documentos de trabajo sobre economía regional del Banco de la República.

Ahora que en Cartagena de Indias se presenta una crisis de gobernabilidad y que pareciera haberse perdido la esperanza de construir una mejor ciudad y una mejor sociedad, es cuando las tres grandes fuerzas de la sociedad: sector público, sector privados y las organizaciones de ciudadanos, debemos decidir qué vamos a hacer con nuestra ciudad. ¿Seguimos enfrentados en unas luchas áridas y estériles que fracturan cada día más el tejido social y terminan haciendo más profunda la brecha que separa a pobres de ricos, o construimos un gran acuerdo social que nos permita salir de este infierno en que se nos está convirtiendo el corralito de piedra?

¡Mientras nos demoramos en definir nuestro futuro, el casillero seguirá vacío!


* Economista con especialización en Finanzas
y Legislación Financiera. Exalcalde encargado
y exsecretario General de Cartagena.


f.merlano@hotmail.com

Cartagena y su casillero vacío
Por Felipe Merlano de la Ossa *

     OPINIÓN