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     CULTURA
A Emery me lo encontré en casi todas las esquinas del Centro de Cartagena. Siempre lo veía con una sonrisa cálida y, aunque estuviera apurado, se detenía siempre para mostrarme el último disco o película que había comprado y me invitaba a un jugo de naranja. Y en algunas mágicas oportunidades, cuando él tenía más tiempo y yo más suerte, nos invitaba a almorzar a mí y a Malka Irina Nieto -mi compañera de sueños y ensueños - para contarnos en qué estaba trabajando.

A Emery lo recuerdo desde aquella vez que me lo presentaron cuando yo estaba estudiando en la univer- xxx
In memoriam
¡Gracias, Emery!
Por Juan Camilo Ardila Durante

sidad y me dijeron que si quería escribir sobre las Fiestas de la Independencia tenía que hablar con un erudito en el tema; y me mencionaron su nombre. La primera ocasión que hablé con él decidí, casi instantáneamente, que no podía ser la última vez.

A Emery lo vi varias veces bailando, o cantando temas de Pedro Laza, o dando cátedra sobre diversos temas locales. No sólo tenía todo el sector cultural de la ciudad en la cabeza: tenía la sabiduría para hablar -con propiedad - de diferentes temas relacionados con la Cartagena que tanto quería.

Su pasión por el cine y la música no la he visto en muchas personas. Amaba la cultura, pero sobre todo, amaba el quehacer cultural. Mientras se fumaba un cigarrillo o le enviaba un piropo a una hermosa joven que pasaba por la calle, te analizaba con gran destreza mental una película, un disco entero grabado en los 60's por Los Corraleros de Majagual o la obra literaria que acababa de leer. Yo me quedaba perplejo. Y maravillado.

Aprendí -sí, claro - de música popular y de cinematografía con él, pero lo que más aprendí es a sentirme más Caribe y a ver y disfrutar de los detalles de nuestra herencia cultural en cada lugar que frecuentaba, en cada rostro que veía.

Ay, Emery, cuando te emocionabas hablando de las Fiestas de Cartagena, de Pedro Laza y Rufo Garrido, te juro por Dios que me daban ganas de bailar el día entero. Me daban ganas de escribir una historia en la que yo viajaba hacia el pasado sólo para conocer a esos genios que escribieron con música la historia de mi ciudad.

Cuando lloré por la escena maravillosa en la que unos tipos hablaban sobre la pasión en 'El secreto de sus ojos', me acordé de él. Y es que Emery fue músico, gestor cultural y muchos títulos que -estoy seguro - ni él se acordaba. Sin embargo, a Emery hay que recordarlo porque fue un tipo apasionado que vivía, principalmente, en función de las cosas que lo apasionaban. Una vez le dije a una amiga que después de hablar con él, iba a querer más la vida. Yo creo que poca gente produce ese efecto.

A Emery me lo encontré en casi todas las esquinas del Centro de Cartagena. Luego, o mañana, cuando vaya a la calle Tripita y Media o a la Calle del Porvenir, estoy seguro que esperaré de nuevo encontrármelo. Por eso decidí, una vez me dieron la noticia de su partida hacia la eternidad, meterme en la cabeza que él está por ahí, errante, pero que no se ha ido lejos.

Mientras nos encontramos en el Centro, Emery, te recordaré con una fabulosa crónica radial que tú, con tu voz y tu memoria, inmortalizaste para nosotros en 'Ciudad Nativa', proyecto por el cual nos felicitaste a Malka Irina y a mí, así como el de 'Apatapelá' y varios otros. Lo que no te dije nunca es que todos han llevado -y ahora más que nunca que estás en cada esquina, en cada patio, en cada pieza musical que escuchemos - tu sello, tu voz y tu apoyo.

Gracias por todo, Emery.


Escuche 'La Música de las Fiestas'; crónica con el maestro Emery Barrios
Cortesía IPCC