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El próximo 28 de octubre, más de 500 mil ciudadanos aptos para votar tendrán la responsabilidad de elegir al nuevo Alcalde, así como a los diecinueve concejales que deberán contribuir con dedicación a solucionar los gravísimos problemas que padece la ciudad; unos impulsando el Programa de Gobierno que resultare ganador en las urnas, y otros desde la oposición, realizando el control político que necesariamente se debe ejercer.

En las pasadas elecciones, la ciudadanía debió optar entre el modelo demagogo, clientelista y con inocultables visos de corrupción que ha regido los destinos de la capital de Bolívar durante los últimos quince años, representado por el varias veces alcalde Nicolás Curi Vergara; y una serie de opciones que, al menos en sus discursos y lemas de campaña, se declaraban partidarias de una nueva forma de hacer política en la ciudad. Entre estas últimas se hallaban las representadas por Mery Luz Londoño, Javier Bustillo Pertuz y los promotores del Voto en Blanco.

No obstante ser concientes de que la división los conduciría a una inexorable derrota ante el candidato de las viejas maquinarias, y que la única fórmula para evitarlo era la unión de las opciones que para esas fechas se mostraban con más fuerza electoral, ni Londoño, ni Bustillo ni los impulsores del Voto en Blanco dieron su brazo a torcer. Y así, por la obstinación de varios de sus líderes, la ciudad fue condenada a padecer dos años y veintidós días de un nuevo desgobierno.   

Hoy, parecería que el tiempo hubiese volado por encima de la humanidad de los cartageneros sin que la situación haya cambiado. A menos de dos meses de las próximas elecciones, la ciudad se debate una vez más entre dos opciones muy distintas: por un lado, el candidato de la familia Curi, sus amigos y seguidores, con todo lo que sus nombres representan; y por el otro, nueve alternativas que exigen para sí, con justificación o sin ella, la vocería de quienes claman por un cambio sustancial en las costumbres políticas locales.

Una vez más, el panorama que se presenta a los potenciales electores es el de una opinión pública polarizada: unos con la esperanza de que se logren cambiar los malos hábitos políticos que han primado en la ciudad durante los últimos años, y otros con la pretensión de continuar 'atornillados' a factores de poder cuya posesión defienden a capa y espada.

Y otra vez, por lo que puede palparse, quienes manifiestan ser pregoneros del cambio insisten en que cualquier posibilidad de unión debe darse alrededor de sus respectivos nombres, con lo cual están a punto de consentir o propiciar, para bien o para mal, que se repita la historia de las pasadas elecciones.   

Editorial
Y se repite la historia
Una vez más, el panorama que se presenta a los potenciales electores es el de una opinión pública polarizada.