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     OPINIÓN
Editorial
Cartagena, ¿ciudad cangrejera?
En Cartagena -con seguridad también en otras latitudes - califican de 'cangrejos' a los ciudadanos que, cuando alguien suena para un importante cargo público, recuerdan por cualquier medio los pecadillos (algunos ni tan 'illos') que estos hayan cometido en cargos anteriores. Incluso, diferentes medios locales se atreven a generalizar y hablan de 'ciudad cangrejera'. El apelativo se usa -explican - porque siempre que estos crustáceos se encuentran en un balde, los que están a punto de escapar son obligados a bajar por los que permanecen en el fondo.

En nuestro caso, jamás hemos utilizado la expresión. Primero porque, luego de haber visto en numerosas ocasiones cangrejos, jaibas o langostas en un recipiente, creemos que los animales que están debajo, cuando se agarran con desespero a las patas o tenazas de los que, tras subirse en ellos, están a punto de ganar la salida, no lo hacen para detenerlos sino para escapar también.

Y segundo -sobre todo -, porque estamos convencidos de que, cuando un ciudadano devela los antecedentes negativos de un exfuncionario público que, a pesar de su oscuro pasado, aspira ¡otra vez! a ocupar un cargo oficial, no solo lo hace en uso de un legítimo derecho sino -además - en cumplimiento de un sagrado deber. Si se tratara de un empleo en el sector privado, allá sus dueños si les importa un bledo poner en riesgo su inversión; pero como se trata de cargos públicos, todos tenemos el derecho de querer que sean ocupados por los más probos y capaces, así como el deber de informar si, en ciertos casos, hay razones para dudar de que vaya a ser así. 

Un ejemplo del ejercicio de ese derecho/deber se dio cuando, en vísperas de que el alcalde Terán Dix integrara su primer gabinete, comenzaron a sonar nombres de personajes que habían pasado por distintos cargos con más pena que gloria. Durante esos días, periodistas y veedores recordaron sus pecadillos (algunos no tan 'illos'), a través de varios medios. Y aunque, a pesar de las advertencias, Terán los nombró, hoy -salvo una funcionaria que sabe muy bien como mimetizarse - están por fuera del gobierno. Por algo sería…

En estos casos, como en otros que se han presentado más recientemente, no se trató ni se trata del cacareado síndrome del cangrejo. En varios no es, siquiera, que algunos tengan -tengamos - buena memoria o un completo archivo. Hoy, con los avances de la Internet, basta con que alguien transcriba el nombre de la persona cuyos antecedentes queramos conocer, con alguna palabra clave, para que estos aparezcan, buenos y malos.

En todo caso, se trata del constitucional y legal ejercicio del control social, que se fundamenta en que, como lo público es de todos, todos tenemos derecho a exigir que se rindan cuentas, a que el erario se maneje con absoluta probidad y a que en los distintos cargos se designen a los mejores posibles.

Por eso, para casos como los mencionados, o para uno más actual: el de la conformación de una terna para designar un nuevo alcalde para Cartagena, sobre cuyos integrantes numerosos analistas, comunicadores y dirigentes locales han expresado sus criterios e inquietudes, ¿se tratará de una actitud cangrejera o -acaso - del ejercicio pleno de un derecho ciudadano?

Con seguridad, si se tratara de la escogencia del gerente de una fábrica, de una empresa cualquiera, de propiedad del presidente de la ASI, (no sabemos si este tenga una fábrica u otra empresa distinta a la ASI, pero es un ejemplo), nadie habría dicho ni . Pero se trata de escoger a quien regirá los destinos de más de un millón de cartageneros durante un tiempo que nadie osa calcular; alguien que debe ser una persona sin tacha, para que pueda recuperar la confianza perdida; con carácter y capacidad de liderazgo, para que pueda limpiar con prontitud una casa que aun luce desgreñada; y con demostradas verticalidad y transparencia, para que brinde garantías en las elecciones que -indefectiblemente, querámoslo o no - se llevarán a cabo el próximo año.

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Reflexiones: Suceda lo que suceda con la nueva terna presentada por la ASI, la crisis que padeció -que aun padece - nuestro sufrido 'corralito de piedra', debería hacer pensar al presidente de la República que nuestra ciudad merece un trato especial de su gobierno. La figura de un Alto Consejero para Cartagena, similar a la implementada para apoyar la Administración de Bogotá, sería un paso importante en ese sentido.