Copyright 2010. All Rights Reserved. www.revistaelmetro.com

::.Síganos también  en--.>
Después de  un año de permanencia en China, sin que este fuera suficiente para comprender la realidad política de esa gran nación, ni para aprender Mandarín, que me sigue pareciendo un idioma de otro mundo, regresé a Cartagena, y el panorama que encontré me hace sentir como si el extraterrestre fuera yo.

Creía tener claridad absoluta sobre la democracia colombiana y del ejercicio de la política, con sus respectivas fluctuaciones éticas en las diferentes regiones. Me fui satisfecho, porque después de una historia de esclavitud politiquera, la Heroica no se había rendido y daba pasos seguros de renovación, pero a los pocos minutos de llegar al aeropuerto ya estaba enterado de una realidad que me obligó a untarme en la frente el ungüento para despejar las entendederas que me regaló mi amigo Taho, un brujo chino experto en males de la política colombiana.

Dejé a un Alcalde elegido con la mayor votación popular de la historia local, como segunda demostración de emancipación de las viejas costumbres políticas, y encontré en el poder a un empresario de cuestionado pasado, de quien se dice  representa a una de las jurásicas casas políticas de la región.

Me enteré con pesar que no solo el Alcalde de la Mandarina había muerto, sino que han pasado cinco alcaldes encargados y ninguno hizo nada por la ciudad. Como si fuera poco, el desbarajuste para la elección formal del sucesor es tan complicado, que resulta más fácil aprender Mandarín.

Cuando me fui, había una organización "fortalecida" de los partidos, en torno a la cual giraba la mecánica electoral, para eso habían neutralizado las posibilidades de inscripción de candidatos cívicos por firmas; pero algo pasó durante mi año en China, que me deja con los ojos estirados.

La candidata pesada de Cambio Radical recibió un portazo de su partido y se inscribió por otro de origen afro; los conservadores locales se anticiparon a respaldar al joven de las barbas, pero la dirección nacional de la colectividad les recordó que ellos no se mandan solos y le dieron el aval al ex gobernador de invierno capilar. A  la  afro ex alcaldesa callejera, dirigente del partido Verde, le hicieron "pistola" sus amigos luchistas y tuvo que buscar toldas en el partido MIO, que nadie sabe de quién es.

El joven de barbas que no tenía color partidista terminó pintado de rojo y verde, con aval gavirista y peñalosista, pero los liberales locales no quieren votar por él sino por una opción de más peso.

El único candidato que conserva coherencia de partido es el de sombrero a la izquierda, pero, según dicen las encuestas, tiene más ganas que votos.

Así las cosas, si se pide coherencia política, los electores cartageneros: liberales, radicales, conservadores, afrovivos y verdes, no sabrían por quién votar, pero los demás… tampoco.

Mañana regreso a China.







Junio de 2013
Cuento chino
Por Delfín

     OPINIÓN