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Cuando decidí vivir en Cartagena, en septiembre de 1999, no sabía todavía que un evento histórico, ocurrido el 30 de abril del mismo año, cambiaría mi punto de vista y mis futuras relaciones sociales con la ciudad. En esta fecha se había realizado la audiencia pública que puso al descubierto hechos de corrupción que culminarían con la destitución del alcalde Nicolás Curi Vergara.

Lo sucedido aquel 30 de abril no hubiera pasado de ser un episodio a destacar en mi vida de escritor y periodista si meses después no hubiera recibido la propuesta de escribir un libro sobre la corrupción en Cartagena, partiendo de las denuncias hechas por los cartageneros en aquella audiencia memorable. La propuesta me la hizo el Controlar General de la República, mi amigo Carlos Ossa Escobar.

Acepté de inmediato. Y no solamente porque me comprometía éticamente con la ciudad a la que acababa de llegar con la idea de vivir allí de manera permanente, sino porque la lectura de los materiales publicados en la prensa local y nacional a raíz de aquella audiencia, me enfrentaron con un tejido de hechos relacionados unos con otros, y todos ellos con un protagonista de fondo.

Desde un principio, conté en Cartagena con la decidida colaboración de Mery Luz Londoño, mi puente en la Contraloría. Lo que hiciera con aquellos materiales sería cosa mía.

No me propuse juzgar a ninguno de los implicados en irregularidades y casos de abierta corrupción, sino poner al descubierto las técnicas de que se valían los corruptos para reproducir el clima de complicidad que los volvía casi invulnerables ante los organismos de control.

Más de 80 casos, todos ellos reseñados durante y después de la audiencia pública del 30 de abril, me pusieron una evidencia: que las trampas para burlar la ley no eran solamente repetidas, sino que, en cada uno de los casos, se acudía a métodos parecidos para favorecer a los "amigos" de la administración.

Esa experiencia culminó con la publicación de un libro, Cartagena en la olla podrida.

Fue mi carta de presentación en la ciudad. Algunos amigos me dicen que ese libro sentó un precedente en la denuncia pública de la corrupción que se amparaba en la administración de Nicolás Curi Vergara. Agradezco esa percepción. No lo hice solamente con los documentos que me ofrecía El Universal, valeroso y terco en la publicación sistemática de estos casos, sino también con el testimonio de personas que me ofrecieron el valor civil de sus testimonios de veedores y ciudadanos.

De la fortaleza que me dio la escritura de ese libro debió de haber nacido la terquedad que me ha llevado a escribir, durante 9 años, una columna de opinión en El Universal. Tal vez me haya granjeado amigos y enemigos. A  los primeros los veo a menudo. A los segundos no los conozco, aunque suponga que deben seguir trabajando en la sombra, más para sus bolsillos que para la ciudad. A veces creo que algunas de las columnas publicadas en este diario son breves notas a pie de página al libro Cartagena en la olla podrida. Ojalá sea así.

Si se evocan los diez años transcurridos desde entonces, es porque, seguramente, hacen parte de un proceso de cambio que ha empezado a darse en la ciudad. De los ciudadanos depende consolidarlo para poder decir: Nunca más.


Memoria de Diez Años
Por Oscar Collazos

     OPINIÓN