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El vendedor de 'raspao' más famoso de Cartagena
El chocoano de las virutas de hielo
Por Juan Diego Perdomo Alaba


Steffy, la mamá de mi hijo León, le dice cariñosamente a Juan Oriel Moreno Lemus: 'El señor negrito'.

-Es el mejor vendedor de raspao de la ciudad, es simpático, aseado, amable y se expresa muy bien. Su carrito de 'raspao' es el más bonito y pulcro. No hay otro como él, dice.

Desde que es una colegiala lo busca por el Centro Histórico para charlar, sentarse en la parrilla del triciclo donde vende su producto y sorber con pitillo uno de limón servido en el tradicional cono de papel, como a ella le gusta. Oriel la complace y, como es costumbre, se lo obsequia.

Le creo. Desde que dejé de hablar con el que me cambiaba raspaos por camisetas usadas a la salida del Colegio Fe y Alegría del barrio Las Gaviotas, cuando tenía nueve años, no me caía tan bien un vendedor de esta típica mezcla de hielo troceado y saborizantes. 

Pero, ¿quién, propio o visitante, no ha disfrutado un refrescante 'raspao', ese colorido puñado de hielo molido cubierto de sirope de frutas en Cartagena?

Según Wikipedia, la historia del Snow cone -cono de nieve - se remonta a la revolución industrial gringa, donde se empezó a producir bloques de hielo que eran trasportados a La Florida desde Nueva York. En ese periplo, los niños pedían hielo raspado y simulando nieve lo comían esparciéndole flan de huevo, un revuelto entre huevos, vainilla y azúcar que sus madres preparaban.








        ENTREVISTA
En Venezuela le dicen 'cepillado'; en Cali, 'cholao' -este es con frutas -; en el norte de México, 'Yuki'; en El Salvador, 'minuta'; en Perú, 'raspadilla', y en el resto de países andinos 'granizado'.

Juan Oriel, de 54 años, oriundo de Quibdó, Chocó, dice no conocer la historia de lo que vende, pero, ¿quién que ha vendido un mismo producto por más de 30 años no es leyenda?

El rey de las virutas de hielo en La Heroica habla de su historia como vendedor de raspao.

-Don Juan Oriel Moreno Lemus,  ¿En qué año salió de Quibdó?
JOM: -En el año 83. Fui a Medellín donde unos familiares, duré cinco días y luego subí a Cartagena donde tenía unos hermanos. 

-Llegó a Cartagena: ¿A qué se dedicó?
JOM: -Inicialmente a vender fritos. Carimañolas, arepa con huevo, empanadas. Después de eso guarapo y por último raspao.

-¿Cómo llegó a la venta del raspao?
JOM: -Uno de mis hermanos tenía esa actividad acá y yo le ayudaba. Alterno a eso, iba a vender guarapo al Parque de la Marina porque allá se congregaban todos los buses que iban hacia Bocagrande, El laguito, Crespo y La Boquilla. Luego que llegaron las nuevas rutas que iban directamente a esos sectores desde los barrios, el flujo de gente no era el mismo. Me toco entonces cambiar de actividad y ahí apareció la venta de raspao.

-¿Cómo fue la experiencia al principio?
JOM: -Al principio alquilaba el carro, luego a esa misma persona que me lo arrendaba se lo compré por 145 mil pesos hace 20 años, me iba muy bien gracias a Dios.

-¿Es el mismo carro -triciclo- que tiene ahora?
JOM: -Sí, pero le he cambiado muchas piezas, la máquina no es la misma y el triciclo tampoco. Ha cambiado bastante.

-¿Cómo le va actualmente con la venta?
JOM: -Mire, esta negocio es una adivinanza. Aquí no hay nada seguro, como puedes vender entre 70, 100 y hasta 200 mil pesos en 30 o 50 minutos te puedes hacer 10 o 15 mil durante el día. Esto es una lotería, nunca se sabe.

-¿Por qué en Cartagena le dicen 'raspao' y en Cali 'cholao'?
JOM: -La diferencia es que acá es un raspao sencillo con almíbar de fruta casera; allá en Cali lleva directamente la fruta en el vaso con leche condensada y base de fresas.

-¿Hay algún gremio o asociación de vendedores de raspao en la ciudad?
JOM: -Claro, se llama ASOVERCAR, del que hago parte. Tiene 60 socios y hay la disposición que si no tienes la materia prima nos la facilitan. Si tenemos una calamidad siempre están ahí para darnos la mano. Se da un incentivo mensual de 10 mil en adelante, lo que uno pueda, eso va a un fondo común.

-¿Aproximadamente cuántos vendedores de raspao hay en la ciudad?
JOM: -Entre los que trabajan en Marbella, Bocagrande, Laguito, Catillogrande y el Centro amurallado somos 60. Los que recorren los barrios pasan de 20 más o menos.

-¿Cuál es el recorrido que hace diariamente?
JOM: - El recorrido que hago es: las Bóvedas; Plazas de Santo Domingo, San Pedro, y la Aduana; Parque de la Marina y Torre del Reloj. Mejor dicho, bordeo el sector amurallado.

-Hablando de recorridos y ciudad, ¿Qué le hace falta a Cartagena para ser la ciudad próspera que todos prometen?
JOM: -Sentido de pertenencia. El cartagenero no aprecia su ciudad, no la valora ni la conoce. No saben ni se imaginan lo que tienen.

Moreno Lemus, un hombre humilde que genera confianza y con el que da gusto conversar, se estiliza un poco cuando le pongo la grabadora, parece manejar los medios. No en vano -cuenta-  ha dado decenas de entrevistas a periódicos, revistas, noticieros de televisión y estudiantes pichones de periodista como el suscrito.

A finales de 2009, la revista SoHo publica un especial de mujeres desnudas en varios lugares públicos del país llamado "Vive Colombia, viaja con ellas". La intrépida y polémica publicación elige a la top model internacional y exreina popular cartagenera Zaire Berrío, quien es retratada en la Heroica por el fotógrafo y actor Diego Cadavid.  
¿Es usted el vendedor de raspao más famoso del país?, le pregunto, y él, con risa tímida, responde: "No creo, ¿por qué me lo dice?"

¿Es montaje aquella foto de la revista SoHo donde hay una modelo desnuda sentada en la parilla de su triciclo cerca al castillo de San Felipe? Lo vi sonriente, feliz… Y continúa tímido, responde entre risas:

-Sí, es real… Pero es impresionante… imagínate, una figura de esas con un vestido de los que usan las mujeres en La Guajira… cuando se quitó esa vaina… -suelta una risa pícara. La gente que estaba alrededor me cayó encima… ¡Ay! Yo también me impresioné, porque no esperaba eso…

-¿Cómo lo contactó la revista?
JOM: -Fue un sábado. Me contactaron en la Torre del Reloj, dijeron que era para una sesión de fotos,  que me fuera hasta el Castillo San Felipe que ellos me alcanzaban. Eso lo hicieron también con un cochero y una vendedora de frutas. Eso fue elegante.

-¿Le pagaron?
JOM: -70 mil pesos. Pero no fue tanto el dinero, pensé en la publicidad que iba a tener.

-¿Y qué pasó, cómo fue la sesión de fotos?
JOM: -Ellos llegaron con su equipo y empezaron a tomar fotos a diestra y siniestra…"Súbase al triciclo y haga como si estuviera pedaleando" y ajá… Ella se sentó ahí atrás…desnuda. Uno no espera eso -sonríe- …ay y entonces…

-¿Tiene la revista?
JOM: -Claro, me la regaló un señor allá en la fábrica de hielo, la tengo en la casa.

-Oriel, por último y cambiando de tema, cuénteme un poco de su vida en familia,  ¿Qué hace cuando no está trabajando?
JOM: -Tengo una solo hija que tiene cinco hijos. La señora con la que vivía murió hace siete años y ahora tengo una nueva compañera. A veces me pongo a ver películas. Escucho música de acuerdo a la ocasión pero me gusta mucho la salsita. Le pego al traguito bastante.

Mientras lo entrevisto en la Plaza de San Pedro, llega su actual compañera. Una trigueña de 1.70 de estatura de facciones bruscas, poco más de 40 años. Se acerca con el ceño fruncido, le dice un par de cosas y se aparta mientras termino. El afable negro, diez centímetros más bajo que ella, se angustia pero hace lo posible por no denotarlo. "Así te va a llegar una", me dice la asidua del raspao de limón que me acompaña.

-A propósito, ¿Quién manda en la casa, usted o su mujer?
JOM: -La que manda en la casa es ella. Es la autoridad, yo solo soy un labriego: trabajo para ella. Sonríe.