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Señores periodistas, se les agradecería que dejen de perseguir a nuestro pobre alcalde, ¿Quién les dijo que tan eminencia de gobernante tiene la obligación de atenderlos?, ¿De dónde sacan que ustedes pueden cuestionar sus elocuentes designios? Y más cuando estos tienen el aval del ponderadísimo expresidente quien aprendió muy bien a gobernar como se debe, como los capataces dirigen las haciendas, maneras que Campo le ha copiado de la mejor manera.
   
"No como dice la señorita Ana María que me persigue todo el tiempo" se queja con justa razón nuestro alcalde, si de igual manera en nuestro país los gobernantes contratan con quién se les de la gana, ¿entonces por qué se le cuestiona al pobre Campo que lo haga con EDURBE? Incluso, señorita periodista, acuérdese que en esta campaña hubo campo para muchos financistas y casas políticas y que a todos hay que corresponderle, pues gracias a sus grandes aportes es que tenemos la honra de tener tan benemérito dirigente.

"Yo llevo treinta años siendo periodista y casi nunca me han corregido". También acierta el mandatario; quien quiera corregirlo diciendo que no es "desfaratar" sino desbaratar no lo hace al periodista sino al alcalde y como es quien manda no se le puede increpar por esto.

La andanada de improperios y cuestionamientos que se le hacen al burgomaestre por los preparativos de cara a la Cumbre de las Américas carecen de fundamento y vienen de personas indolentes que quieren ver nuestro centro histórico lleno de indigentes y vendedores ambulantes, que han escogido a voluntad ese modo de vida, aún cuando vivimos en el gobierno nacional de la "prosperidad", específicamente en Cartagena donde hay campo hasta para megaproyectos que se harán ¡duélale a quien le duela!

No importa que se esconda la Cartagena fuera de las murallas, esta se le muestra a vuelo de pájaro a cualquiera de los presidentes que nos visiten para la cumbre, con un evento lleno de medios de comunicación en un pequeño colegio de un sector deprimido de nuestra ciudad, así visibilizamos los miles de pobres que deben darse por bien servidos porque se escogió alguna de sus exóticamente decaídas locaciones. Seguramente  esto le parecerá  malo a la perseguidora  periodista.

¿Cuál censura? ¿De qué hablan todos esos columnistas? Ahora resulta que quien manda no puede hacerlo como se debe, y más cuando nuestro alcalde le lleva años de experiencia en la actividad periodística a la señorita Cuesta. Entiendan que él es un padre que sólo pretende dar a sus hijos unos pequeños consejos sobre cómo se ejerce. Aprendamos todos: él llegó a ser alcalde.




De persecusiones y libertades
Por Christian Ahumada *

     OPINIÓN
* Estudiante de comunicación social de la Universidad de Cartagena, vicepresidente del consejo estudiantil del programa de Comunicación Social de Unicartagena, gestor cultural y miembro fundador del proyecto cultural Ciudad Móvil.