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Comentarios del padre
RAFAEL CASTILLO TORRES
a nota de Metro.com

Ahora que puedo ver el contenido del artículo y los comentarios deseo expresarles a todos y a todas que siempre he sentido que mi tarea es la que Dios me ha confiado como sacerdote: contribuir a la construcción de una sociedad más humana y justa desde los valores del Evangelio. Mi condición es la de un sacerdote consagrado para servir a los que menos tienen y más sufren. Esta tarea considero que pasa por la evangelización de las personas que construyen en la comunidad las relaciones sociales y políticas. Yo sólo tengo una aspiración: servir más y mejor sin bajarme de lo que mejor se hacer: estar en altar hablando con Dios para hablar de Dios. Las claridades que puedo tener sobre la ciudad no son para gobernarla porque no es mi aspiración pero si para buscar, sin descanso, los hombres y mujeres de manos limpias y con capacidad gerencial para liderar colectivamente las Esperanzas que ordenan la ciudad. Eso para mí es tan sagrado como la certeza que tengo de que Dios en su presencia me va preguntar: ¿qué hiciste por esa ciudad?

Ciertamente tenemos un déficit de lo que son los políticos por vocación, los cuales son al tiempo los poetas fuertes con poder para transformar poemas sobre jardines en jardines de verdad. La vocación política es transformar los sueños en realidad. Es una vocación tan dichosa, que Platón sugirió que los políticos no sean propietarios de nada: les bastaría el gran jardín para todos. Sería indigno que el jardinero tuviese un espacio privilegiado, mejor y diferente del espacio ocupado por todos. El gran reto de esta ciudad es que los políticos por vocación no se dejen vencer de los políticos por profesión. Igualmente tenemos que superar la tristeza de muchos que sintiendo el llamado de la política no tienen el coraje de atenderlo, por miedo a la vergüenza de ser confundidos con los aprovechados y de tener que convivir con ellos.

Ojalá quienes lean mi comentario tengan el coraje de dejarse seducir por la vocación política. Sé que hay jardineros dormidos dentro de muchos cartageneros. Decir que aquí hay más leñadores y madereros que jardineros no es nada nuevo. Hoy somos más “selva” que jardín. Quien piensa en minutos no tiene paciencia para plantar árboles. Un árbol necesita muchos años para crecer. Es más lucrativo cortarlos. Invito a la gente buena de Cartagena a soñar y hacer realidad un jardín para todos, obra de seres humanos que tienen el amor y la paciencia de plantar árboles a cuya sombra nunca se sentarán. El arado está en el surco y el momento es propicio.

Por otra parte, de pequeño, mi madre me enseñó que en la olla se hace la sopa y en el caldero se hace el arroz. Eso me lo he tomado muy en serio y a los 55 años que tengo encima veo que no estaba equivocada. Gracias por sus valoraciones y consideraciones hacia mi persona son un reto para mejorar. Tampoco soy la inmaculada concepción. Oro por ustedes y por la ciudad.