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    OPINIÓN
Tribuna Libre
A Campo Elías, el hombre...
Por Carlos Ardila González


Es increíble, Campo. Pensar que, a pesar del tiempo que tú y yo hemos estado vinculados a los medios de comunicación -¡toda una vida! - sólo te haya comenzado a conocer -realmente - el pasado 24 de diciembre, cuando tuviste la generosidad de concederme una entrevista, luego de permanecer casi cinco meses alejado de la prensa por culpa de ese maldito cáncer que padeces.

Me hubiera gustado, te lo confieso, haber dialogado contigo antes de que las sesiones de quimioterapia que te practicaron te hubiera dejado tan aporreado como a esos boxeadores de tercera, a muchos de los cuales conociste durante tu exitosa carrera de narrador deportivo, cuyo sino trágico es servir de trampolín a los que realmente están llamados a disputar la corona.  

Y te cuento: sentí que había comenzado a conocerte, de manera concreta, cuando me dijiste, sin que tu voz pausada y ronca denotara ningún resentimiento, que te acordabas perfectamente que yo no había votado por ti. Sobre todo, cuando aseguraste que recordabas muy bien que yo me había opuesto a que te eligieran, ya que consideraba un peligro para la ciudad que llegaran a la Alcaldía personas tan cuestionadas como muchos de los que te acompañaban. "Fíjate, el tiempo ha terminado dándote la razón", confesaste con esa ingenuidad que, por lo que he podido apreciar, es una de las características más acendradas de tu personalidad.

Lo que no dijiste, viejo Campo, fue que yo tenía otro argumento para no votar por ti: que, equivocado o no, creía que no estabas preparado para timonear una nave tan compleja como Cartagena. Lástima por ti, campeón, que Dios te haya enrumbado por un sendero distinto al que habías comenzado a transitar, y no hubieras tenido tiempo para demostrarme -y demostrarles a otras personas que pensaban y piensan lo mismo - que en eso estaba equivocado.

No sé si sabes que, mientras sigues luchando en Bogotá porque El Todopoderoso te conceda el milagro de devolverte la salud, en Cartagena unos dirigentes políticos están molestos porque aún no has renunciado a la Alcaldía. No les gustó, para nada, que se dijera que ya habías decidido renunciar, pero que te tomarías unos días para hacerlo. Están disgustados -emputados es la palabra apropiada para describir lo que sienten - porque esperaban que renunciaras hoy mismo. No ocultan sus ansias porque convoquen a nuevas elecciones y, con éstas, que el mercado electoral vuelva a activarse.

Lo curioso, campeón, es que la mayoría de quienes hoy exigen tu renuncia pensaban ayer, igual que yo, que carecías de competencias para ser un buen gobernante, y conocían perfectamente tus malas compañías; de hecho, varios de ellos eran (lo son todavía y lo más seguro es que lo sigan siendo el resto de sus vidas) unas nefastas compañías. Pero votaron por ti, a pesar de todo -tú lo sabes muy bien - no porque creyeran que eras el líder que la ciudad necesitaba, sino porque las encuestas mostraban que ibas a ganar. Y, ¿sabes qué me preocupa, viejo Campo?: que cuando hayas renunciado, o cuando tengas a Dios a tu lado, festejando tus chistes sobre los viejitos 'mandarinas', el destino de la ciudad sea sometido otra vez a lo que digan en sus cómodos escritorios Napoleón Franco, Carlos Lemoine o César Valderrama, y no se consulten los verdaderos intereses de los cartageneros.

Y es que, fíjate: ya veo por allí, en plan de campaña, a los mismos que te engañaron y engañaron vilmente a los ciudadanos que votaron por ti. Sí, así como lo debes estar pensando: varios de los pandilleros que señaló Gossaín. De hecho, unos se colaron -no sé cómo - en la rueda de prensa en la que se anunció que vas a renunciar. Y los veo inventando otras candidaturas, varias de ellas similares a la que te llevó a la Alcaldía, tratando otra vez de engañar al pueblo como si este fuera... ¿cómo es que decías todas las mañanas con tu voz potente y tu contagioso entusiasmo?, ¡ah!, sí, un mandarinoski.

Me recomiendan que no te diga esas cosas; que cambie de tema, dizque porque las noticias negativas te producen estrés y éste te hace daño. ¡Qué vaina, campeón, cómo si tú no te hubieras burlado, toda una vida, al frente de tu noticiero, de las malas noticias que en Cartagena se venden más que el pan caliente! Justamente, Campo, a veces creo -quiero creer - que lo que hoy te pasa no es más que una de esas bromas con que nos tomabas el pelo todas las mañanas, pero entro a Internet, leo las noticias, y me estrello dolorosamente con la dura realidad que hoy nos agobia...

Qué vaina, campeón. No voté por ti, ¿aún lo recuerdas?, pero hoy hago votos porque te restablezcas pronto; para que puedas, si no convencernos de que en Cartagena hay Campo para todos, sí convencerte de que en los corazones de quienes te conocimos (algunos, como yo, demasiado tarde) hay campo para ti.



* Director de Metro.com
cardilared@hotmail.com
Febrero de 2013
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