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En términos políticos, en principio, como 'idiotas útiles' eran considerados quienes antes de la caída de la cortina de hierro manifestaban simpatía por la Unión Soviética luego de visitar dicho país o conocer, por cualquier medio, los avances del sistema comunista. Quienes así les decían, claro está, tenían sus afectos en los países occidentales, y lo que alegaban es que, a pesar de las bondades que aquellos decían encontrar en el gobierno ruso, éste nunca los consideraba seriamente aliados suyos y únicamente se aprovechaba de sus opiniones para hacerse propaganda.

En épocas más recientes, como 'idiotas útiles' eran calificados por los simpatizantes de los Estados Unidos los turistas que se enamoraban de los encantos de Cuba y, muy especialmente, los invitados a congresos y eventos académicos en La Habana, quienes, por regla general, regresaban a sus países destacando las bondades del régimen de Fidel Castro.

Por extensión, en numerosos países se dice ahora que una persona es "idiota útil" cuando, de buena fe y por física ignorancia, favorece involuntariamente los intereses ocultos de ciertas personas a quienes jamás apoyaría si estuviese mejor informado y conociese más a fondo sus verdaderas motivaciones.

A lo largo del ejercicio de control social que nos hemos propuesto realizar, primero como veedores ciudadanos y ahora como simples periodistas al frente de Metro.Com -una modesta tribuna de análisis y opinión que, gracias a Dios, cada día es más leída y comentada- en muchas ocasiones hemos sido señalados de ser 'idiotas útiles'.

Cuando el objeto de nuestros análisis y comentarios fue el injustificado incremento a la tarifa del alumbrado público propuesto por uno de los pasados gobiernos, se nos señaló que éramos 'idiotas útiles' de las empresas de Mamonal porque habrían sido éstas las que más se hubieran afectado.

Cuando, producto de nuestras investigaciones, la Procuraduría destituyó e inhabilitó por varios años a un concejal, se nos mostró como 'idiotas útiles' de quien habría de reemplazarlo.

Cuando, con el Consejo Gremial de Bolívar y varias veedurías, denunciamos un tenebroso 'carrusel de la contratación' en la Universidad de Cartagena, por el cual estuvo preso su entonces rector, se aseguró que éramos 'idiotas útiles' de los grupos políticos contrarios al que entonces gobernaba en el alma máter.

Cuando, durante casi una década, hemos criticado que el expediente de los convenios interadministrativos sea utilizado para 'saltar' por encima de las normas de contratación (criterio que, en su momento, compartieron destacados líderes de opinión), nosotros y éstos hemos sido señalados de ser 'idiotas útiles' de constructores, consultores y demás profesionales que eran excluidos de las grandes contrataciones.

Cuando, durante gobiernos anteriores, revelamos hechos de corrupción cometidos por funcionarios de todos los niveles (una extensa lista que puede ser consultada en www.revistaelmetro.com) se aseguró que éramos 'idiotas útiles' de "una clase empresarial ávida de tomarse el poder" (SIC).

Hoy, porque como resultado de nuestras investigaciones periodísticas estamos convencidos de que alguien que se autodefine como técnico y no como político tiene muchas cosas que explicar (a los órganos de control, claro está, pero también a quienes le brindaron su confianza en reiteradas oportunidades), hoy somos 'idiotas útiles' de "los políticos sinvergüenzas que quieren regresar al poder" (SIC).

¡Palo porque bogas y palo porque no bogas! Si con nuestros esfuerzos periodísticos tocamos a unos políticos, servimos a los intereses de sus contradictores; si los tocados son unos empresarios de alta alcurnia, entonces el servicio es a la "clase política corrupta que quiere seguir robándose a la ciudad" (SIC). ¡Pues ni lo uno ni lo otro! ¡Es -parodiando a Horacio Serpa y su historia del armadillo- todo lo contrario!

Somos plenamente conscientes de que los resultados de toda labor investigativa, particularmente sobre temas administrativos, políticos y sociales, una vez publicados terminan perjudicando a unos y beneficiando a otros, pero un periodista jamás debe detenerse a hacer cálculos sobre ello. Tanto a nivel internacional como nacional y local abundan ejemplos de cómo trascendentales informaciones no habrían sido reveladas a la opinión pública si tales consideraciones hubieran primado sobre el derecho a la información por parte de la ciudadanía.

De modo que, como tenemos conciencia de que cada trabajo nuestro beneficia indefectiblemente a un sector de la sociedad (con el que podemos o no identificarnos y con cuyos líderes podemos o no estar de acuerdo), no nos sentimos ni nos hemos sentido jamás 'idiotas útiles'. Como hemos dicho, la definición de éstos entraña la ignorancia sobre el beneficio que, en últimas, se prodiga a uno u otro sector, y este no es ni ha sido nuestro caso.

Estamos convencidos de que el deber del periodista es decir siempre la verdad y ese, solo ese, sin cálculos que interfieran el cumplimiento de esa sagrada aunque ingrata misión, ha sido el norte de nuestro trabajo. Y lo seguirá siendo.

Tribuna Libre
'Idiotas útiles'
Por Carlos Ardila González

     OPINIÓN
Septiembre de 2012

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