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Tribuna Libre
Hechos y no palabras
Por Carlos Ardila González

Tal como se dijo en una de las ediciones anteriores de la revista Metro, el politólogo Antonio Robles Egea, profesor de la Universidad Complutense de Madrid e investigador del Centro de Estudios Europeos de la Universidad de Harvard, defiende la conformación de coaliciones en las corporaciones públicas por considerar que las mismas "poseen el mayor valor democrático" ya que "uno de los rasgos más característicos de un sistema participativo es la colaboración en la búsqueda de soluciones, desde perspectivas ideológicas e intereses distintos, a los problemas comunes", y porque "sólo con la participación de los diferentes grupos sociales en la acción política, estableciendo entre ellos coaliciones, expresadas formalmente o no, se hace realidad el diálogo y el consenso político tan necesario para dar legitimidad, y por tanto, estabilidad a la democracia."

Según Robles, las coaliciones políticas son mecanismos o instrumentos básicos de las diversas formas del diálogo, y "el sistema democrático, en este sentido, no puede poner límites al pluralismo... En este caso, el problema es cómo encontrar las ideas matrices para tantas y tan profundas diferencias".

No obstante, el politólogo advierte ciertas debilidades en la constitución de mayorías al señalar en su libro 'Coaliciones Políticas y Sistema Democrático' que "la experiencia de las coaliciones entre partidos durante los procesos de formación y ejercicio del gobierno, en sus diferentes ámbitos territoriales, despierta enormes críticas y recelos". Y de manera indefectible, las críticas y recelos que produce la consecución de una mayoría absoluta son  particularmente mayores en ciudades y departamentos cuyos actores políticos no se han destacado precisamente por agruparse para servir a la comunidad.

Una coalición puede integrarse para respaldar y aprobar sin tropiezos, de forma generosa, un programa de gobierno formulado legítimamente. Para sacar provecho burocrático del poder que representa una mayoría decisoria, pero dentro de los patrones propios de la actividad política. O para presionar a los funcionarios del Ejecutivo la entrega de beneficios del más diverso orden a cambio del apoyo representado en sus votos.         

En ciertas ocasiones una mayoría, y en casos excepcionales la plenitud de una corporación, brinda su respaldo a un mandatario de forma generosa o porque la fuerza de la opinión pública la obliga a hacerlo. Es el momento del "o cambian o los cambian" que suele presentarse en las democracias maduras, con una dirigencia cívica y gremial responsable y participativa, una prensa fuerte e independiente y una ciudadanía pensante y decidida. 

Desafortunadamente para quienes conforman las mayorías en este tipo de coyunturas, la opinión pública se toma todo su tiempo, como en el béisbol un buen pitcher ante la jugada decisiva, en reconocer los buenos propósitos de los coaligados y dejar de lado los "enormes críticas y recelos" de que hablara Robles Egea.

Pero debe aceptarse la sabiduría que encierra la fábula del pastorcillo mentiroso. A lo largo de todo el país existen entidades territoriales cuyas corporaciones públicas, durante mucho tiempo, fueron literalmente manipuladas por mayorías que -por regla general- hacían prevalecer sus intereses particulares por encima de los de la comunidad. Después, al integrase nuevas coaliciones y (motu proprio o presionados por fuerzas políticas o sociales externas) sus miembros deciden rectificar su comportamiento y sumarse a los vientos de cambio que soplan por doquier, sencillamente pocos les creen, sus actuaciones son objeto de fuertes críticas y sus propósitos de enmienda son mirados con recelo.

A ello debe agregarse que, como bien se dice desde épocas pretéritas: la mujer del César no sólo debe ser honesta, sino parecerlo. Por todo ello, es difícil para ciertos miembros de corporaciones públicas recuperar una confianza que se extravió no propiamente de manera injusta. 

Pero en casos como este sí hay un remedio: la perseverancia. Si luego de tantas mentiras al pastorcillo de la fábula nadie le cree, su única posibilidad es probar que sí es cierto que hay un lobo a punto de comérselo. En el caso de las coaliciones, es con hechos y no únicamente con palabras que sus miembros podrán -algún día- recuperar la confianza perdida.

* Director Metro.com

Octubre 2009

cardilared@hotmail.com

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