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La Cumbre, más que un matrimonio
Por Andrés Betancourt González *

* Odontologo, concejal de Cartagena
En abril de 2008 se anunciaba la asamblea del BID para el año 2009 en Medellín; Colombia y Antioquia se prepararon durante un año, se firmó un acuerdo de entendimiento entre la presidencia, la gobernación, el municipio y la empresa privada, se invirtieron recursos económicos, tecnológicos y humanos por más de 12 mil millones; nombraron un gerente. Era el debut de la ciudad. Se generó un ambiente de colaboración e hidalguía para darles la bienvenida a los asambleístas y mostrarle al mundo la capacidad de organización, marco el inicio de una cultura turística. El propósito colectivo fue cambiarle la imagen de violencia a la ciudad, que no tiene precio y tangencialmente se obtuvo un retorno de 80 mil millones.

En Cartagena, hace más de 30 años nos acostumbramos mágicamente a contar con estos eventos y obtuvimos una experiencia obligada que nos condujo a la improvisación y a aprender en el camino. Hoy notamos que la ciudad se vende por sus características, pero la sociedad no posee una cultura turística. La costumbre hizo camino en nuestra indiferencia y simplicidad.

La Cumbre de las Américas es como la Copa América para el fútbol, donde se reúnen presidentes, ministros y empresarios para determinar acciones conjuntas del desarrollo continental, que pareciesen gaseosas, pero que se concretan para el desarrollo social y económico; si no fuese importante Obama no viniese. En esta oportunidad el tema central es la prosperidad, pero Santos ha insistido en hablar de legalización de drogas; se imaginan la trascendencia mundial que tendría para el desarrollo humano la legalización de la producción, distribución y el consumo de estupefacientes; cambiaría el rumbo de la historia.

Hablemos de nuestra heroica Cartagena; después de la cumbre todo quedará como si nada hubiese pasado, como si nadie hubiese venido, como si fuera un matrimonio más de los que se celebran semanalmente. No supimos aprovechar -y me incluyo como concejal - esta oportunidad histórica y única de sacar mayor provecho del gobierno nacional para desarrollar una obra tangible o intangible que nos dejara en el imaginario colectivo el recuerdo de la historia contemporánea y que nos sirviera de aglutinador social para la construcción colectiva de mejor ciudad y mejor ciudadanía. Sociológicamente el ser humano no tiene interés en lo que no percibe resultados. Era más que obtener la sede hace 4 años, era más que pavimentar la Santander o el Arsenal, improvisadamente. Era haber construido la Avenida de las Américas ampliando la Santander. Todos veremos pasar a Obama con su carismática sonrisa sobre una alfombra roja, por la misma donde pasó Clinton; irónicamente sabrá que 10 días antes estaba llena de huecos, que paradójicamente aparecerán antes de las fiestas novembrinas y se volverá a repavimentar como lo hacemos cada octubre. En Turbaco, en esa casa de la plaza donde han montado su propia 'Casa Blanca', han estado más conscientes de la privilegiada visita.

Vendemos el desvirgue y el licor de matrimonios a una sociedad que no se siente invitada. Mi madre me enseñó que las cosas solo se hacen bien o mal; no lo estamos haciendo bien como ciudad, aunque tengo la certeza que los esfuerzos individuales generarán satisfacción a nuestros invitados, sin generar el valor público que nos permita pensar que la ciudad es más que un matrimonio.



concejalandresbetancourt@gmail.com

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