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Cuentan que el acordeonista Alejandro Durán ante el asombro del jurado y asistentes a uno de los eventos del Festival Vallenato del que participaba, decidió abruptamente bajarse del entarimado y abandonar la competencia al percatarse que durante la ejecución de su instrumento rizado había ejecutado una nota musical equivocada y desatinada en el ritmo que interpretaba. Esto, estimados lectores, es lo que se llama un ejemplo digno y representativo de la honestidad, la moral y los valores.

El anterior pasaje lo traigo para armonizarlo con la competición electoral por la alcaldía de Cartagena para la que fue inducido el hoy tristemente célebre, Campo Elías Terán Dix.

El mismo Campo debió hacer en ese momento lo que hizo el músico Alejandro Durán. Bajarse del escenario y confesar, me he equivocado. No estoy preparado ni soy competente para el proceso en el que me han embarcado.

Dijo Campo que en su palmarés registraba tanto el ser administrador en salud así como el haber sido alcalde de su natal municipio, San Antero. Cosas que están por verse y comprobarse.

Por lo tanto, muy distante de lo buena persona que es y seguirá siendo Campo, porque estoy seguro que se mejorará de su gravosa enfermedad, Campo no tenía ningún nivel de competencia, idoneidad ni experiencia para sentarse en el sillón de la Aduana. Esta es una cruda, pero real verdad de a puño.

Pero, ahora, si la ley civil ya comenzó a ejecutar a los responsables de la debacle administrativa de este desgobierno iniciado con bombos y platillos, petulancia y arrogancia, incluyendo al propio alcalde, existe otra ley, la ley moral, la cual aunque no tiene tribunales establecidos en la tierra no solo ejecuta sus decretos intranquilizando la conciencia y el remordimiento de quienes la violan sino que despierta el valor en aquellos que solo tienen como instrumento sancionatorio su unico patrimonio: el poder para decidir a no volver a elegir a quienes los engañaron.

No nos llamemos a mentiras ni engaños, Campo Elías fue víctima de perversos y arrodillados políticos y seudo líderes cívicos de la ciudad, de áulicos representantes de los medios de comunicación, de empresarios corruptos de la politiquería, de burócratas empedernidos y hasta de quien se proclama ser líder espiritual de la congregación religiosa donde dice asistir él y su familia, así como de todas aquellas personas que enganchándose en la locomotora ganadora confundieron e hicieron confundir al pueblo entre el populismo y el liderazgo, entre incompetencia e idoneidad, con tal de acceder a los mejores puestos de gobierno y al tesoro distrital.

Pero si a algunos podemos responsabilizar, sin temor a equivocarnos, del desgobierno actual en la ciudad de Cartagena tenemos que comenzar por mencionar a quienes fueron los iniciadores e incitadores de este aborto político en el que no solo se embarcaron ellos sino que hicieron embarcar a otros a sabiendas de las incompetencias y falencias del candidato Campo.

Pero tampoco podemos excluir a uno de sus preliminares ex compañeros de contienda, a quien le faltó valor para continuar en su aspiración ante las imposiciones de quienes se adueñaron del Partido de La U en Cartagena, partido en el cual ni siquiera él militaba, ni milita, pero por el cual aspiró a obtener aval que finalmente le fue negado.

De quienes ostentan la dirección de tal partido, el de La U en Cartagena, sobran las palabras. Es un grupo o casa política acostumbrada a respaldar procesos políticos plagados de corrupción y que les garanticen obtener prebendas burocráticas y contractuales no importando los ideales ni el pueblo. Es su pervertida manera de hacer la política.

A algunos medios de comunicación y algunos periodistas también tenemos que declararlos responsables de esta hecatombe, ya que creyendo que con la llegada de un colega, como Campo Elías, resolverían sus problemas económicos, no se detuvieron a pensar en el bien de la ciudad sino que se montaron en el candidato ganador ponderando a voz en cuello a través del micrófono, la tinta y el papel, valores y ejecutorias inexistentes, quebrantando principios y valores.

No podemos tampoco dejar por fuera como responsables de esta debacle a avaros y reconocidos burócratas de la ciudad que le hicieron creer a Campo Elías que en verdad era un líder político apto para gobernar una ciudad como Cartagena, pero fueron los primeros en ser nombrados en el gabinete y el equipo de gobierno chupándole al erario hasta la última gota de sangre que le quede.

Por último, algún grado de responsabilidad también le cabe a quien se dice ser líder espiritual de la congregación religiosa donde acude o acudía Campo Elías con su familia, quien no debió dejarse llevar por emocionalismos ni dudosas profecías estimulando el proceso eleccionario del candidato y feligrés, y en el cual también se embarcó con la expectativa de participar en el ponqué de contrataciones del gobierno contratando la prestación de servicios para la resocialización de jóvenes en riesgos y jóvenes pandilleros que azotan la ciudad, como se intentó hacer.

Hoy tenemos que darle la razón a la doctora Ingrid Fortich y a Jhonny Romero Julio, aunque con este último no compartamos muchas cosas.




almodel2008@hotmail.com

* Médico Veterinario y Zootecnista. Exinstructor del SENA y exdirector de la UMATA de Cartagena.
Los responsables de la debacle
Por Álvaro Morales De León *

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